Esqueleto Piel
Poeta recién llegado
De cara frente al delirio,
de espaldas al espíritu,
atestiguo el todo mismo.
Sumido en el arte de existir,
evito no sucumbir en equilibrio
al filo de tétricos abismos,
o sino
desde el centro del regocijo
a risas, socavo desesperanzas.
Urga en la bípeda riada,
allí estaré, languideciendo.
Cuando me ausento a este panorama,
es porque elijo incinerarme de placer,
en el agasajo de tus brazos.
De cara frente al delirio,
de espaldas al espíritu,
precipito mi cerebro hacia el papel,
transmutando su forma a la del verso.
Releo el tumulto de lirismos que acumulo,
y río de quien suscribe.
Río de los delirios que volqué,
de los ánimos que inventé,
del in-acostumbrable e intermitente vaivén
que el dolor y la alegría me significan.
Desternillo del inútil lenguaje tan útil.
Hasta con los hermanos muy cercanos,
me aturdo dialogando.
Ni conmigo,
discrepar no puedo.
¿Quién como yo?
Puede contar del brusco salto
dado por las agujas
sobre el noctívago reloj.
¿Quién como yo?
Puede no encontrar palabra
para la inmensidad del sentimiento.
¿Quién como yo?
Nadie. Ninguno. Mas ni yo.
Pues, esa nula similitud
entre las subjetividades
puede explicarlo por mí.
de espaldas al espíritu,
atestiguo el todo mismo.
Sumido en el arte de existir,
evito no sucumbir en equilibrio
al filo de tétricos abismos,
o sino
desde el centro del regocijo
a risas, socavo desesperanzas.
Urga en la bípeda riada,
allí estaré, languideciendo.
Cuando me ausento a este panorama,
es porque elijo incinerarme de placer,
en el agasajo de tus brazos.
De cara frente al delirio,
de espaldas al espíritu,
precipito mi cerebro hacia el papel,
transmutando su forma a la del verso.
Releo el tumulto de lirismos que acumulo,
y río de quien suscribe.
Río de los delirios que volqué,
de los ánimos que inventé,
del in-acostumbrable e intermitente vaivén
que el dolor y la alegría me significan.
Desternillo del inútil lenguaje tan útil.
Hasta con los hermanos muy cercanos,
me aturdo dialogando.
Ni conmigo,
discrepar no puedo.
¿Quién como yo?
Puede contar del brusco salto
dado por las agujas
sobre el noctívago reloj.
¿Quién como yo?
Puede no encontrar palabra
para la inmensidad del sentimiento.
¿Quién como yo?
Nadie. Ninguno. Mas ni yo.
Pues, esa nula similitud
entre las subjetividades
puede explicarlo por mí.