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No hay nada más allá de las murallas.

Catalítico Crónico

Poeta recién llegado
No hay nada mas allá de las murallas caen las fallas trallas ya de madrugada,
mirando la pared con sed y frío, fumándome un lirio en lo alto de un delirio
viendo vídeos que no entiende ni dios exhibiciones e inhibiciones son clones,
obsérvalos, en todas las actuaciones, las cadenas no las vimos son de plástico fino,
lo intento pero no puedo no me muevo ni un centímetro agarrotado y derrotado
por las fuerzas mayores legítimos renglones subyugan poblaciones castigan a las plebes
y también a sus legiones espera, esos sí que son cabrones sin nociones del espacio
pero con todas las opciones dejo asistir a mi cerebro al fusilamiento de sus naciones
yo erro estando sereno soy hierro que nunca será acero soy un perro
rabioso en una mansión con casero de repente espabilo y me desespero,
persigo cruceros a nado los luceros son mi respaldo me ahogo
en su puto vertedero, así que advierto al viento de toda la mierda que le vierto
mientras doy otro trago seco y carbonatado parto el tiempo aunque este estaba ya crucificado,
despierto y la marea me arrastra hasta una hectárea tan basta, como una hectárea,
llena de gente arisca y tosca buscando la panacea,
les hablo de la termosfera y del derroche de sus naves y sus petroleras,
ellos se desesperan y me empiezan hablar de sacrificios y de ganancias totales
de que somos todos tales para cuales, o no se que hostias me decían esos subnormales
yo les digo que vale que duerman tranquilos diferenciándose en clases
que llegará el día que todas las bases
se harten de hartarse y pacten jactarse
mutilando salvajes, por salvarse,
del intenso viraje, del apogeo de las drogas
hacia los insípidos calmantes.​
 
Última edición:
Al leerlo experimento una especie de filtrado de conciencia que se va abriendo paso
a través de los mecanismos compulsivos en que la sociedad no mantiene cautivos.
Es como un raspaje de óxido acumulado en la conciencia que busca el reencuentro con
su naturaleza. Falta, quizá mucho, para salir del laberinto pero se va en camino-hacia.

Me gustó, y no puedo evitar en recordar el muro de 'Shell Beach' de la película
Dark City, de 1999. Parecía una pared impenetrable con un gran panfleto que
promocionaba una mentira. Sin embargo al romper el concreto se revelaba el gran secreto, pavoroso y formidable.
 
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