Toda su vida había sido un ir y venir de cualquier lado. Desde joven siempre había sido un espiritu aventurero y en cuanto pudo se lanzó a la aventura. Durante años había conocido multitud de parajes, los más variados y diversos personajes, había tenido romances con gran cantidad de mujeres y había recorrido multitud de kilometros.
Por ello pese a su avanzada edad jamás había sido capaz de mantenerse en un sitio, pese a sus numerosos intentos de sentar la cabeza. Era un alma solitaria, él era su único compañero de viaje, no tenía auténticos amigos, había estado con multituda mujeres pero nunca había conocido el amor, pero él sabía que realmente no estaba solo. Había alguien que nunca lo había abandonado, su único compañero era el viento. Por ello, cuando se acercaba la hora de su muerte él no podía sino seguir luciendo una sonrisa. Sus ojos se iban cegando al tiempo que contemplaba la que era su última puesta de sol, finalmente el anciano expiró y para acompañarlo en este último viaje, una suave brisa inundó todo el paraje.
Por ello pese a su avanzada edad jamás había sido capaz de mantenerse en un sitio, pese a sus numerosos intentos de sentar la cabeza. Era un alma solitaria, él era su único compañero de viaje, no tenía auténticos amigos, había estado con multituda mujeres pero nunca había conocido el amor, pero él sabía que realmente no estaba solo. Había alguien que nunca lo había abandonado, su único compañero era el viento. Por ello, cuando se acercaba la hora de su muerte él no podía sino seguir luciendo una sonrisa. Sus ojos se iban cegando al tiempo que contemplaba la que era su última puesta de sol, finalmente el anciano expiró y para acompañarlo en este último viaje, una suave brisa inundó todo el paraje.
