lesmo
Poeta veterano en el portal
¿No escuchas como croar?
Está cayendo la tarde
y el sol parece marchar,
¿no escuchas como croar?
Me dijeron en secreto
que saliendo de la escuela
desde un lugar muy discreto
espiaba una mozuela.
¿Estaría algo locuela?
De allí no pudo marchar,
la entretuvo algún croar.
Me cuentan que viera un sapo
era verde, te aseguro,
y que pensó que era guapo,
¡debía de estar oscuro!
Y que sin ningún apuro
ya no se quiso marchar
pues le gustó su croar.
La distancia era tan poca
que la muchacha hechizada
al batracio casi toca
y el sapo no hiciera nada.
Le dedicó una mirada
y sin ganas de marchar
el sapo empezó a croar.
Se miraban fijamente,
es extraño que no huyera,
sería un sapo prudente
si al agua se zambullera.
¡Pues no!, se quedó a la vera,
de la moza y sin marchar
y sin parar de croar.
Entre los juncos del río
estaban los dos al lado,
y para no pasar frío
se buscó un charco templado.
El sapo que era educado,
elegante era al marchar
y muy fino en el croar.
Parecía diferente
al tener buena presencia,
y porque se puso enfrente
haciendo una reverencia.
La muchacha en su inocencia,
temiendo fuera a marchar,
lo imitaba en el croar.
El sapo muy divertido
no tuvo ninguna prisa
y en un tono distendido
se le escapaba la risa.
La mocita muy deprisa
se quiso de allí marchar:
¡un sapo ríe al croar!
Mas de pronto en un relumbre
se quedaba de una pieza,
corona no es de costumbre
lleve un sapo en la cabeza.
Y el anfibio con nobleza
por si se fuera a marchar
dejó entonces de croar.
Y dijo con voz muy clara:
–“Soy un príncipe encantado
y va siendo cosa rara
aquí estar siempre mojado,
y me has tenido prendado,
pensé te querías marchar
cuando me oías croar.”
Ella lo tomó en su mano
y no pensó mucho en eso,
con un sentimiento humano
de repente le dio un beso.
Y fue tanto el embeleso
que saltaba sin marchar,
por supuesto, sin croar.
Tras un relámpago el sapo
se convirtió en caballero,
esbelto, alto, bien guapo,
con casco, espada y plumero.
Y con un tono sincero,
poco antes de marchar
se declaró sin croar.
Se fueron a su castillo,
la muchacha y el monarca,
y debajo del rastrillo
construyeron una charca.
Navegaban siempre en barca,
¡mil ranas vieron marchar
dando un concierto al croar!