• MundoPoesía se ha renovado! Nuevo diseño y nuevas funciones. Ver cambios

No es una metáfora

Cecilya

Cecy
Fui lectora desde muy pequeña.
No puedo imaginarme sin un libro sobre la mesa de luz.
Esto es así desde que cumplí cuatro, y a través de los años, muchos temas pasaron a través de cientos de páginas, y siempre me caractericé por enfocarme en una sola lectura. Una a la vez.
Soy una chica muy meticulosa, organizada, y bastante comprometida con el orden. Cuando termino de leer, coloco el señalador en la página siguiente, cierro el libro, y ahí se queda, al lado del velador, hasta que retomo. Es como un ritual.
Una noche, hace ya unos años, salimos a cenar a lo de unos familiares, la casa quedó sola, era pleno invierno, cerramos todo, por lo que nunca logré una explicación lógica o científica, para lo que me pasó. Aclaro que tenemos alarmas, rejas, un perro bullicioso…
Es Buenos Aires, y hay que prevenir.
Llegamos bastante tarde, hacía frío, por lo que me fui directo a la cama.
Al entrar a mi cuarto, vi el libro que estaba leyendo apoyado sobre la mesa de luz, pero abierto, y con el señalador puesto en un capítulo que venía mucho después. Por ningún motivo adelanto capítulos, ni espío jamás el final de una novela, de manera que me cuesta pensar que haya sido un acto involuntario, o no recordado de mi parte. Absolutamente imposible.
Pregunté a mi gente si alguien había estado tocando mi libro, y todos dijeron que no, que para qué, si con la versión visual les alcanzaba y sobraba. Que aunque los guionistas en la mayoría de los casos fueran unos cerdos tergiversadores de situaciones y almas de los personajes de tinta, ellos no tenían la necesidad de ver la historia en letras.
Obviamente les creí. Solo que debía preguntarles, ya que el hecho era más que extraño.
Frente al libro abierto como una invitación, rompí mis propias reglas, y comencé a leer. Si aquello era una especie de llamado, tenía que averiguar lo que significaba.
No puedo ni quiero mencionar el nombre del libro, ni quien lo escribió; ese asunto no es relevante ahora. Pero les puedo asegurar, lectores, que lo que pasaba en ese capítulo, muy diferente a la versión que ocurre cuando malos guionistas ensucian grandes tramas, tiene mucho que ver con mi personalidad y con algunas cuestiones de roles que suelo cumplir. Con actitudes que me definen ante determinados hechos.
Yo leí, yo me adelanté a ese episodio, y al día siguiente recibí un mensaje muy inquietante y especial. En ese momento comprendí la naturaleza del signo.
Entendí de esos hilos del destino que a veces nos dejan absortos y llenos de preguntas. Que nos motivan a buscar respuestas. Que nos confirman que hay mucho más de lo que puede verse y tocarse.
Cuando se habla de la literatura como sinónimo de magia, aún con lo racional que soy, o que solía ser, porque me confieso cada día más abierta a darle chance a lo que escapa a la ciencia fría, puedo decir sin sentirme rara por defender esta postura, que es totalmente cierto. Existe un gran poder en la palabra. Enorme y profundo.
A veces los personajes se nos parecen y tienen ganas de vivir en nosotros. Sus vidas vienen a las nuestras. Nos revelan potenciales, nos brindan sus propias herramientas para manejarnos fuera del universo del papel.
Sí, a veces se nos parecen demasiado. A veces no sabemos si leímos o vivimos.
Y esto que digo no es una metáfora.

...............................

lámpara-que-ilumina-un-libro-14756013-001.jpg
 

Archivos adjuntos

  • lámpara-que-ilumina-un-libro-14756013-001.jpg
    lámpara-que-ilumina-un-libro-14756013-001.jpg
    16,8 KB · Visitas: 474
Es tanto lo que se me viene ahora a la mente dear!
Posta que no sé por donde empezar.
Me lo creo y mirá que no sé si es real o fiction o reality fiction pero lo contás con una naturalidad que cuesta pensarlo como historia y no tendría que ser algo tan loco después de mas de una década conociendo tus escritos.
My friend me huele a cierto y si no es pega en el palo.
Y por queeeé lo cortaste ahiiií?!?
Ok, para que la cosa sea interactiva.
Y muy seriamente te digo que hay muchas verdades en la reflexión del final.
Y a pesar de que te viniste misteriosa tas perdonada porque tu pluma está on y me alegraste la tarde gris en esta friosa Baires.
Kiss in your hand y abrazo bien fuerte.
 
Es tanto lo que se me viene ahora a la mente dear!
Posta que no sé por donde empezar.
Me lo creo y mirá que no sé si es real o fiction o reality fiction pero lo contás con una naturalidad que cuesta pensarlo como historia y no tendría que ser algo tan loco después de mas de una década conociendo tus escritos.
My friend me huele a cierto y si no es pega en el palo.
Y por queeeé lo cortaste ahiiií?!?
Ok, para que la cosa sea interactiva.
Y muy seriamente te digo que hay muchas verdades en la reflexión del final.
Y a pesar de que te viniste misteriosa tas perdonada porque tu pluma está on y me alegraste la tarde gris en esta friosa Baires.
Kiss in your hand y abrazo bien fuerte.

No tengo dudas de que tu mente va a mil y echando chispas. No te define precisamente la calma o la moderación ;)
Si yo no lograra hacerlo creíble, no sería una buena narradora.
No te voy a mentir... algo de realidad hay en estas letras.Y no diré más ni a vos que sos amigo mío de miii.
Lo corté en el punto correcto porque está buena la tarea de intercambio tal como dijiste.
Y muy seriamente te respondo que...
vos me alegraste esta y todas las tardes, y mañanas y noches desde hace años con tu amistad-hermandad.
Y ese no es un misterio ni metáfora. Es un axioma.
Otro abrazo bien grande que ahuyente el frío y el gris del cielo.
Gracias,cuorecito.
 
Fui lectora desde muy pequeña.
No puedo imaginarme sin un libro sobre la mesa de luz.
Esto es así desde que cumplí cuatro, y a través de los años, muchos temas pasaron a través de cientos de páginas, y siempre me caractericé por enfocarme en una sola lectura. Una a la vez.
Soy una chica muy meticulosa, organizada, y bastante comprometida con el orden. Cuando termino de leer, coloco el señalador en la página siguiente, cierro el libro, y ahí se queda, al lado del velador, hasta que retomo. Es como un ritual.
Una noche, hace ya unos años, salimos a cenar a lo de unos familiares, la casa quedó sola, era pleno invierno, cerramos todo, por lo que nunca logré una explicación lógica o científica, para lo que me pasó. Aclaro que tenemos alarmas, rejas, un perro bullicioso…
Es Buenos Aires, y hay que prevenir.
Llegamos bastante tarde, hacía frío, por lo que me fui directo a la cama.
Al entrar a mi cuarto, vi el libro que estaba leyendo apoyado sobre la mesa de luz, pero abierto, y con el señalador puesto en un capítulo que venía mucho después. Por ningún motivo adelanto capítulos, ni espío jamás el final de una novela, de manera que me cuesta pensar que haya sido un acto involuntario, o no recordado de mi parte. Absolutamente imposible.
Pregunté a mi gente si alguien había estado tocando mi libro, y todos dijeron que no, que para qué, si con la versión visual les alcanzaba y sobraba. Que aunque los guionistas en la mayoría de los casos fueran unos cerdos tergiversadores de situaciones y almas de los personajes de tinta, ellos no tenían la necesidad de ver la historia en letras.
Obviamente les creí. Solo que debía preguntarles, ya que el hecho era más que extraño.
Frente al libro abierto como una invitación, rompí mis propias reglas, y comencé a leer. Si aquello era una especie de llamado, tenía que averiguar lo que significaba.
No puedo ni quiero mencionar el nombre del libro, ni quien lo escribió; ese asunto no es relevante ahora. Pero les puedo asegurar, lectores, que lo que pasaba en ese capítulo, muy diferente a la versión que ocurre cuando malos guionistas ensucian grandes tramas, tiene mucho que ver con mi personalidad y con algunas cuestiones de roles que suelo cumplir. Con actitudes que me definen ante determinados hechos.
Yo leí, yo me adelanté a ese episodio, y al día siguiente recibí un mensaje muy inquietante y especial. En ese momento comprendí la naturaleza del signo.
Entendí de esos hilos del destino que a veces nos dejan absortos y llenos de preguntas. Que nos motivan a buscar respuestas. Que nos confirman que hay mucho más de lo que puede verse y tocarse.
Cuando se habla de la literatura como sinónimo de magia, aún con lo racional que soy, o que solía ser, porque me confieso cada día más abierta a darle chance a lo que escapa a la ciencia fría, puedo decir sin sentirme rara por defender esta postura, que es totalmente cierto. Existe un gran poder en la palabra. Enorme y profundo.
A veces los personajes se nos parecen y tienen ganas de vivir en nosotros. Sus vidas vienen a las nuestras. Nos revelan potenciales, nos brindan sus propias herramientas para manejarnos fuera del universo del papel.
Sí, a veces se nos parecen demasiado. A veces no sabemos si leímos o vivimos.
Y esto que digo no es una metáfora.

...............................

Ver el archivos adjunto 59671
Me encantó. Las historias con los señaladores... o las historias con los libros que se esconden cosas.
Muy bueno. Excelente relato.
Saludos.
Luz
 
Fui lectora desde muy pequeña.
No puedo imaginarme sin un libro sobre la mesa de luz.
Esto es así desde que cumplí cuatro, y a través de los años, muchos temas pasaron a través de cientos de páginas, y siempre me caractericé por enfocarme en una sola lectura. Una a la vez.
Soy una chica muy meticulosa, organizada, y bastante comprometida con el orden. Cuando termino de leer, coloco el señalador en la página siguiente, cierro el libro, y ahí se queda, al lado del velador, hasta que retomo. Es como un ritual.
Una noche, hace ya unos años, salimos a cenar a lo de unos familiares, la casa quedó sola, era pleno invierno, cerramos todo, por lo que nunca logré una explicación lógica o científica, para lo que me pasó. Aclaro que tenemos alarmas, rejas, un perro bullicioso…
Es Buenos Aires, y hay que prevenir.
Llegamos bastante tarde, hacía frío, por lo que me fui directo a la cama.
Al entrar a mi cuarto, vi el libro que estaba leyendo apoyado sobre la mesa de luz, pero abierto, y con el señalador puesto en un capítulo que venía mucho después. Por ningún motivo adelanto capítulos, ni espío jamás el final de una novela, de manera que me cuesta pensar que haya sido un acto involuntario, o no recordado de mi parte. Absolutamente imposible.
Pregunté a mi gente si alguien había estado tocando mi libro, y todos dijeron que no, que para qué, si con la versión visual les alcanzaba y sobraba. Que aunque los guionistas en la mayoría de los casos fueran unos cerdos tergiversadores de situaciones y almas de los personajes de tinta, ellos no tenían la necesidad de ver la historia en letras.
Obviamente les creí. Solo que debía preguntarles, ya que el hecho era más que extraño.
Frente al libro abierto como una invitación, rompí mis propias reglas, y comencé a leer. Si aquello era una especie de llamado, tenía que averiguar lo que significaba.
No puedo ni quiero mencionar el nombre del libro, ni quien lo escribió; ese asunto no es relevante ahora. Pero les puedo asegurar, lectores, que lo que pasaba en ese capítulo, muy diferente a la versión que ocurre cuando malos guionistas ensucian grandes tramas, tiene mucho que ver con mi personalidad y con algunas cuestiones de roles que suelo cumplir. Con actitudes que me definen ante determinados hechos.
Yo leí, yo me adelanté a ese episodio, y al día siguiente recibí un mensaje muy inquietante y especial. En ese momento comprendí la naturaleza del signo.
Entendí de esos hilos del destino que a veces nos dejan absortos y llenos de preguntas. Que nos motivan a buscar respuestas. Que nos confirman que hay mucho más de lo que puede verse y tocarse.
Cuando se habla de la literatura como sinónimo de magia, aún con lo racional que soy, o que solía ser, porque me confieso cada día más abierta a darle chance a lo que escapa a la ciencia fría, puedo decir sin sentirme rara por defender esta postura, que es totalmente cierto. Existe un gran poder en la palabra. Enorme y profundo.
A veces los personajes se nos parecen y tienen ganas de vivir en nosotros. Sus vidas vienen a las nuestras. Nos revelan potenciales, nos brindan sus propias herramientas para manejarnos fuera del universo del papel.
Sí, a veces se nos parecen demasiado. A veces no sabemos si leímos o vivimos.
Y esto que digo no es una metáfora.

...............................

Ver el archivos adjunto 59671
Cuando abres un libro y te sumerges en sus páginas, se aparece ante el lector un mundo nuevo y diferente. Y penetras en la historia como si te estuviese sucediendo y en el devenir de los capítulos, esa vida te llena, te conquista, la haces tuya. Al dejar la lectura, los primeros días, vives la realidad y sientes la literatura como un sueño, pero poco a poco esa vida se trastoca y la narración se transforma en vida y la vida como un sueño que trascurre entre dejar y retomar el libro. Así hasta que lo terminas y pasa a ser parte de ti, a habitar tus recuerdos, a dejar su impronta en el nuevo ser en que te has convertido. Y vuelta a empezar.
Una estupenda narración, interesante, que engancha y nos lleva a pensar en la cantidad de vidas que se encierran y la cantidad de mundos que se contienen entre las tapas de los libros.
Una redacción con su toque de magia.
Un placer pasar por tus bellas letras. Un cordial saludo y mi admiración.
 
Cuando abres un libro y te sumerges en sus páginas, se aparece ante el lector un mundo nuevo y diferente. Y penetras en la historia como si te estuviese sucediendo y en el devenir de los capítulos, esa vida te llena, te conquista, la haces tuya. Al dejar la lectura, los primeros días, vives la realidad y sientes la literatura como un sueño, pero poco a poco esa vida se trastoca y la narración se transforma en vida y la vida como un sueño que trascurre entre dejar y retomar el libro. Así hasta que lo terminas y pasa a ser parte de ti, a habitar tus recuerdos, a dejar su impronta en el nuevo ser en que te has convertido. Y vuelta a empezar.
Una estupenda narración, interesante, que engancha y nos lleva a pensar en la cantidad de vidas que se encierran y la cantidad de mundos que se contienen entre las tapas de los libros.
Una redacción con su toque de magia.
Un placer pasar por tus bellas letras. Un cordial saludo y mi admiración.

Pocas personas aman tanto a los libros como vos, Luis.
En sí al ritual de leer que es tan maravilloso.
Si leyéramos sin esperar magia, el acto no sería tan interesante ni tan enriquecedor.
Hay libros que definitivamente nos cambian la vida.
Este es un cuento simple, breve, aquí en el portal no hay mucha predisposición hacia las líneas largas, pero cada tanto me quiero recordar que hacer esto me gusta, aunque se vea una versión reducida de lo que puedo compartir.
Y me alegra que lleguen aquellos que me importan y aprecio, como vos.
Muchas gracias, amigo por esta y todas tus presencias que son tesoros para mí.
Un abrazo.
 
Me alegra que te haya gustado.
Cuando me leen en líneas largas, como pocos lo hacen, mi agradecimiento es doble.
Que tengas un lindo día y nuevamente gracias por pasar.
Hay lineas largas que son muy largas, pero las tuyas tiene la sensibilidad y la forma necesaria para que resulten tremendamente agradables, atrapantes y cortas. No todo el mundo, te lo aseguro. Uno lee de todo y, al final, aprende a seleccionar los autores que son capaces de transportarte aún con lo más simple.
Contigo pasa éso.
Un abrazo,
Luz
 
Hay lineas largas que son muy largas, pero las tuyas tiene la sensibilidad y la forma necesaria para que resulten tremendamente agradables, atrapantes y cortas. No todo el mundo, te lo aseguro. Uno lee de todo y, al final, aprende a seleccionar los autores que son capaces de transportarte aún con lo más simple.
Contigo pasa éso.
Un abrazo,
Luz

Muchas gracias nuevamente por tus palabras, Luz.
Otro abrazo.

images.jpg
 

Archivos adjuntos

  • images.jpg
    images.jpg
    15,6 KB · Visitas: 252
Con algo de sueño aletargado por una mala postura en el coche.
El cuello adolorido y los hombros tensos, con la montura de los lentes fuera del asiento natural en mi nariz.
Con los ojos semicerrados, los pies autómatas van adivinando los escalones al sonido de cada peldaño que chirría bajo mi peso.
Es tan grande el cansancio.
Abro los brazos en cruz mientras mi cuerpo colapsa...
El colchón cede y mis manos arrastran la cobija,
me retuerzo crisálida de mariposa, insecto listo para metamorfosear.
Los ojos no necesitan que los cierre... y la montura se desliza cayendo los lentes sobre la alfombra.
Siento unas manos ayudando a acomodar mi cuerpo,
a levantar las piernas desde el filo y meterlos más al centro.
El viejo reloj de campanas me arrulla con su bip---- ¿bip?

¿Dónde se esconde el sonoro tic tac que tanto tiempo me ha acompañado?
Con sorpresa abro los ojos y me encuentro durmiendo en posición fetal.
Como si hubiera abandonado ese envoltorio.

Me siento libre de toda atadura física, y hasta los pensamientos parecen brotar de mi boca en letras en lugar de sonidos.
Una música me inunda desde todas partes...
coros de voces en otro idioma,
acordes diferentes del típico doremi,
vibratos de cuerdas que más parecen tambores y címbalos.
El abecedario se nutre a sí mismo y surgen hormigueros de patas en tinta negra.
Son caracteres olvidados de tantos textos que pensé escribir...
y no pasaron hasta la boca o las manos.

Podría un evento fortuito conceder la gracia de recuperar
tantas viejas historias que nunca tuvieron conteo en el tiempo
que nunca vieron la luz
de los ojos de la persona que amo.

Sueño con el corazón latiendo deprisa
mientras mi mano se mueve haciendo garabatos en el aire
mientras los lentes ya no hacen falta
y las hojas se alinean solas sin necesidad que las ordene con pulcritud
sueño...

Si pudiera compartir este sitio con mi alma gemela
nunca me atrevería a terminar el poema
para no llegar al final de nuestro encuentro.

El viento mueve todo
desliza las brumas
desordena las colchas
bate las ventanas
y cada hoja testigo del momento... se desordena en un laberinto.

La agitación me obliga a abrir los ojos a pesar del dolor de la luz.
Estoy donde debo estar.
cada cosa en su lugar...
aunque sean diferentes
ante mis ojos.


Un fuerte y cariñoso abrazo Cecilya. :)

 
Con algo de sueño aletargado por una mala postura en el coche.
El cuello adolorido y los hombros tensos, con la montura de los lentes fuera del asiento natural en mi nariz.
Con los ojos semicerrados, los pies autómatas van adivinando los escalones al sonido de cada peldaño que chirría bajo mi peso.
Es tan grande el cansancio.
Abro los brazos en cruz mientras mi cuerpo colapsa...
El colchón cede y mis manos arrastran la cobija,
me retuerzo crisálida de mariposa, insecto listo para metamorfosear.
Los ojos no necesitan que los cierre... y la montura se desliza cayendo los lentes sobre la alfombra.
Siento unas manos ayudando a acomodar mi cuerpo,
a levantar las piernas desde el filo y meterlos más al centro.
El viejo reloj de campanas me arrulla con su bip---- ¿bip?

¿Dónde se esconde el sonoro tic tac que tanto tiempo me ha acompañado?
Con sorpresa abro los ojos y me encuentro durmiendo en posición fetal.
Como si hubiera abandonado ese envoltorio.

Me siento libre de toda atadura física, y hasta los pensamientos parecen brotar de mi boca en letras en lugar de sonidos.
Una música me inunda desde todas partes...
coros de voces en otro idioma,
acordes diferentes del típico doremi,
vibratos de cuerdas que más parecen tambores y címbalos.
El abecedario se nutre a sí mismo y surgen hormigueros de patas en tinta negra.
Son caracteres olvidados de tantos textos que pensé escribir...
y no pasaron hasta la boca o las manos.

Podría un evento fortuito conceder la gracia de recuperar
tantas viejas historias que nunca tuvieron conteo en el tiempo
que nunca vieron la luz
de los ojos de la persona que amo.

Sueño con el corazón latiendo deprisa
mientras mi mano se mueve haciendo garabatos en el aire
mientras los lentes ya no hacen falta
y las hojas se alinean solas sin necesidad que las ordene con pulcritud
sueño...

Si pudiera compartir este sitio con mi alma gemela
nunca me atrevería a terminar el poema
para no llegar al final de nuestro encuentro.

El viento mueve todo
desliza las brumas
desordena las colchas
bate las ventanas
y cada hoja testigo del momento... se desordena en un laberinto.

La agitación me obliga a abrir los ojos a pesar del dolor de la luz.
Estoy donde debo estar.
cada cosa en su lugar...
aunque sean diferentes
ante mis ojos.


Un fuerte y cariñoso abrazo Cecilya. :)




Muchas gracias por leer.
 
Última edición:
Fui lectora desde muy pequeña.
No puedo imaginarme sin un libro sobre la mesa de luz.
Esto es así desde que cumplí cuatro, y a través de los años, muchos temas pasaron a través de cientos de páginas, y siempre me caractericé por enfocarme en una sola lectura. Una a la vez.
Soy una chica muy meticulosa, organizada, y bastante comprometida con el orden. Cuando termino de leer, coloco el señalador en la página siguiente, cierro el libro, y ahí se queda, al lado del velador, hasta que retomo. Es como un ritual.
Una noche, hace ya unos años, salimos a cenar a lo de unos familiares, la casa quedó sola, era pleno invierno, cerramos todo, por lo que nunca logré una explicación lógica o científica, para lo que me pasó. Aclaro que tenemos alarmas, rejas, un perro bullicioso…
Es Buenos Aires, y hay que prevenir.
Llegamos bastante tarde, hacía frío, por lo que me fui directo a la cama.
Al entrar a mi cuarto, vi el libro que estaba leyendo apoyado sobre la mesa de luz, pero abierto, y con el señalador puesto en un capítulo que venía mucho después. Por ningún motivo adelanto capítulos, ni espío jamás el final de una novela, de manera que me cuesta pensar que haya sido un acto involuntario, o no recordado de mi parte. Absolutamente imposible.
Pregunté a mi gente si alguien había estado tocando mi libro, y todos dijeron que no, que para qué, si con la versión visual les alcanzaba y sobraba. Que aunque los guionistas en la mayoría de los casos fueran unos cerdos tergiversadores de situaciones y almas de los personajes de tinta, ellos no tenían la necesidad de ver la historia en letras.
Obviamente les creí. Solo que debía preguntarles, ya que el hecho era más que extraño.
Frente al libro abierto como una invitación, rompí mis propias reglas, y comencé a leer. Si aquello era una especie de llamado, tenía que averiguar lo que significaba.
No puedo ni quiero mencionar el nombre del libro, ni quien lo escribió; ese asunto no es relevante ahora. Pero les puedo asegurar, lectores, que lo que pasaba en ese capítulo, muy diferente a la versión que ocurre cuando malos guionistas ensucian grandes tramas, tiene mucho que ver con mi personalidad y con algunas cuestiones de roles que suelo cumplir. Con actitudes que me definen ante determinados hechos.
Yo leí, yo me adelanté a ese episodio, y al día siguiente recibí un mensaje muy inquietante y especial. En ese momento comprendí la naturaleza del signo.
Entendí de esos hilos del destino que a veces nos dejan absortos y llenos de preguntas. Que nos motivan a buscar respuestas. Que nos confirman que hay mucho más de lo que puede verse y tocarse.
Cuando se habla de la literatura como sinónimo de magia, aún con lo racional que soy, o que solía ser, porque me confieso cada día más abierta a darle chance a lo que escapa a la ciencia fría, puedo decir sin sentirme rara por defender esta postura, que es totalmente cierto. Existe un gran poder en la palabra. Enorme y profundo.
A veces los personajes se nos parecen y tienen ganas de vivir en nosotros. Sus vidas vienen a las nuestras. Nos revelan potenciales, nos brindan sus propias herramientas para manejarnos fuera del universo del papel.
Sí, a veces se nos parecen demasiado. A veces no sabemos si leímos o vivimos.
Y esto que digo no es una metáfora.

...............................

Ver el archivos adjunto 59671
Un relato que, tal cual, se apropia del espacio compartido, que es como una puerta que se abre entre la obra y el lector.
Suspense, pero con la naturalidad de un sinfín de realidades posibles... y sus revelaciones.
Che, que me gustó.

Un abrazo Cecy.
 
Un relato que, tal cual, se apropia del espacio compartido, que es como una puerta que se abre entre la obra y el lector.
Suspense, pero con la naturalidad de un sinfín de realidades posibles... y sus revelaciones.
Che, que me gustó.

Un abrazo Cecy.

Me gusta bastante escribir en primera persona y me alegra que te haya gustado este cuento que tiene un poco de ficción y otro poco de realidad.
Y me alegra que me hablen en argentino.
Muchas gracias, che ;).
Cuando alguien me lee en prosa el agradecimiento es mayor.
Un abrazo.
 
Fui lectora desde muy pequeña.
No puedo imaginarme sin un libro sobre la mesa de luz.
Esto es así desde que cumplí cuatro, y a través de los años, muchos temas pasaron a través de cientos de páginas, y siempre me caractericé por enfocarme en una sola lectura. Una a la vez.
Soy una chica muy meticulosa, organizada, y bastante comprometida con el orden. Cuando termino de leer, coloco el señalador en la página siguiente, cierro el libro, y ahí se queda, al lado del velador, hasta que retomo. Es como un ritual.
Una noche, hace ya unos años, salimos a cenar a lo de unos familiares, la casa quedó sola, era pleno invierno, cerramos todo, por lo que nunca logré una explicación lógica o científica, para lo que me pasó. Aclaro que tenemos alarmas, rejas, un perro bullicioso…
Es Buenos Aires, y hay que prevenir.
Llegamos bastante tarde, hacía frío, por lo que me fui directo a la cama.
Al entrar a mi cuarto, vi el libro que estaba leyendo apoyado sobre la mesa de luz, pero abierto, y con el señalador puesto en un capítulo que venía mucho después. Por ningún motivo adelanto capítulos, ni espío jamás el final de una novela, de manera que me cuesta pensar que haya sido un acto involuntario, o no recordado de mi parte. Absolutamente imposible.
Pregunté a mi gente si alguien había estado tocando mi libro, y todos dijeron que no, que para qué, si con la versión visual les alcanzaba y sobraba. Que aunque los guionistas en la mayoría de los casos fueran unos cerdos tergiversadores de situaciones y almas de los personajes de tinta, ellos no tenían la necesidad de ver la historia en letras.
Obviamente les creí. Solo que debía preguntarles, ya que el hecho era más que extraño.
Frente al libro abierto como una invitación, rompí mis propias reglas, y comencé a leer. Si aquello era una especie de llamado, tenía que averiguar lo que significaba.
No puedo ni quiero mencionar el nombre del libro, ni quien lo escribió; ese asunto no es relevante ahora. Pero les puedo asegurar, lectores, que lo que pasaba en ese capítulo, muy diferente a la versión que ocurre cuando malos guionistas ensucian grandes tramas, tiene mucho que ver con mi personalidad y con algunas cuestiones de roles que suelo cumplir. Con actitudes que me definen ante determinados hechos.
Yo leí, yo me adelanté a ese episodio, y al día siguiente recibí un mensaje muy inquietante y especial. En ese momento comprendí la naturaleza del signo.
Entendí de esos hilos del destino que a veces nos dejan absortos y llenos de preguntas. Que nos motivan a buscar respuestas. Que nos confirman que hay mucho más de lo que puede verse y tocarse.
Cuando se habla de la literatura como sinónimo de magia, aún con lo racional que soy, o que solía ser, porque me confieso cada día más abierta a darle chance a lo que escapa a la ciencia fría, puedo decir sin sentirme rara por defender esta postura, que es totalmente cierto. Existe un gran poder en la palabra. Enorme y profundo.
A veces los personajes se nos parecen y tienen ganas de vivir en nosotros. Sus vidas vienen a las nuestras. Nos revelan potenciales, nos brindan sus propias herramientas para manejarnos fuera del universo del papel.
Sí, a veces se nos parecen demasiado. A veces no sabemos si leímos o vivimos.
Y esto que digo no es una metáfora.

...............................

Ver el archivos adjunto 59671
Así es mi querida Ceci, a veces ocurren hechos inexplicables que ni la ciencia ni nuestra razón logran encontrarle un sentido, pero ocurrir ocurren, y como se dice en Hamlet "Hay más cosas en el cielo y la tierra, Horacio, que las que sospecha tu filosofía", sí querida Cecy hay más de lo que se ve y se toca, un misterio envuelve todo cuanto nos rodea e indagar en él es ir acercándonos a su verdad y las palabras son el mejor de los caminos para atravesar el ser de las cosas y elevarnos en el conocimiento de su esencia, trascender.... Pero tú eres una escritora excepcional y nos llevas con la magia de tus letras a ese mundo transcendente, desconocido hasta por la ciencia pero que se deja ver en parte , ayyyyy qué aventura tan impresionante es estar inmersos en él.
Gracias por la magia, belleza y profundidad de tu palabra, gracias. Miles de besos colmados de admiración y de cariño....muáááacksssssss
 
Así es mi querida Ceci, a veces ocurren hechos inexplicables que ni la ciencia ni nuestra razón logran encontrarle un sentido, pero ocurrir ocurren, y como se dice en Hamlet "Hay más cosas en el cielo y la tierra, Horacio, que las que sospecha tu filosofía", sí querida Cecy hay más de lo que se ve y se toca, un misterio envuelve todo cuanto nos rodea e indagar en él es ir acercándonos a su verdad y las palabras son el mejor de los caminos para atravesar el ser de las cosas y elevarnos en el conocimiento de su esencia, trascender.... Pero tú eres una escritora excepcional y nos llevas con la magia de tus letras a ese mundo transcendente, desconocido hasta por la ciencia pero que se deja ver en parte , ayyyyy qué aventura tan impresionante es estar inmersos en él.
Gracias por la magia, belleza y profundidad de tu palabra, gracias. Miles de besos colmados de admiración y de cariño....muáááacksssssss

Es verdad, y si te contara la cantidad de sucesos inexplicables científicamente que me ocurrieron con las letras, mi respuesta sería interminable de verdad.
Quizás algún día escriba una prosa relatándolos todos, aunque sea brevemente.
Gracias a vos por pasar por aquí, ya que pocos transitan el sector de las líneas largas y yo aprecio de corazón ese tiempo que me brindan.
Un abrazo con cariño y que inicies una semana muy feliz.
 
Es verdad, y si te contara la cantidad de sucesos inexplicables científicamente que me ocurrieron con las letras, mi respuesta sería interminable de verdad.
Quizás algún día escriba una prosa relatándolos todos, aunque sea brevemente.
Gracias a vos por pasar por aquí, ya que pocos transitan el sector de las líneas largas y yo aprecio de corazón ese tiempo que me brindan.
Un abrazo con cariño y que inicies una semana muy feliz.
Gracias querida Cecy, también te deseo una semana muy feliz y te animo a que escribas y publiques esos sucesos que se escapan de lo explicable, muchos besos para ti....muááacksssss
 
Estupendo relato el que has escrito, atrapa al lector desde su comienzo. Aunque uno sea muy racional, y muchas veces no queramos aceptar o contar alguna situación bastante extraña para no ser prejuzgados por la gente, los hechos ocurren y no hay una explicación lógica.
Disfruto mucho de tus historias Cecy, siempre es un placer encontrarme con alguna obra tuya.
Que tengas una linda semana querida amiga a pesar del frio intenso.
 
Estupendo relato el que has escrito, atrapa al lector desde su comienzo. Aunque uno sea muy racional, y muchas veces no queramos aceptar o contar alguna situación bastante extraña para no ser prejuzgados por la gente, los hechos ocurren y no hay una explicación lógica.
Disfruto mucho de tus historias Cecy, siempre es un placer encontrarme con alguna obra tuya.
Que tengas una linda semana querida amiga a pesar del frio intenso.

Muchas gracias por haber devuelto esta antigüedad al presente.
Me alegra que te haya gustado y te deseo un hermoso día en todos los sentidos posibles.
Un fuerte abrazo que aleje el frío.
 
Fui lectora desde muy pequeña.
No puedo imaginarme sin un libro sobre la mesa de luz.
Esto es así desde que cumplí cuatro, y a través de los años, muchos temas pasaron a través de cientos de páginas, y siempre me caractericé por enfocarme en una sola lectura. Una a la vez.
Soy una chica muy meticulosa, organizada, y bastante comprometida con el orden. Cuando termino de leer, coloco el señalador en la página siguiente, cierro el libro, y ahí se queda, al lado del velador, hasta que retomo. Es como un ritual.
Una noche, hace ya unos años, salimos a cenar a lo de unos familiares, la casa quedó sola, era pleno invierno, cerramos todo, por lo que nunca logré una explicación lógica o científica, para lo que me pasó. Aclaro que tenemos alarmas, rejas, un perro bullicioso…
Es Buenos Aires, y hay que prevenir.
Llegamos bastante tarde, hacía frío, por lo que me fui directo a la cama.
Al entrar a mi cuarto, vi el libro que estaba leyendo apoyado sobre la mesa de luz, pero abierto, y con el señalador puesto en un capítulo que venía mucho después. Por ningún motivo adelanto capítulos, ni espío jamás el final de una novela, de manera que me cuesta pensar que haya sido un acto involuntario, o no recordado de mi parte. Absolutamente imposible.
Pregunté a mi gente si alguien había estado tocando mi libro, y todos dijeron que no, que para qué, si con la versión visual les alcanzaba y sobraba. Que aunque los guionistas en la mayoría de los casos fueran unos cerdos tergiversadores de situaciones y almas de los personajes de tinta, ellos no tenían la necesidad de ver la historia en letras.
Obviamente les creí. Solo que debía preguntarles, ya que el hecho era más que extraño.
Frente al libro abierto como una invitación, rompí mis propias reglas, y comencé a leer. Si aquello era una especie de llamado, tenía que averiguar lo que significaba.
No puedo ni quiero mencionar el nombre del libro, ni quien lo escribió; ese asunto no es relevante ahora. Pero les puedo asegurar, lectores, que lo que pasaba en ese capítulo, muy diferente a la versión que ocurre cuando malos guionistas ensucian grandes tramas, tiene mucho que ver con mi personalidad y con algunas cuestiones de roles que suelo cumplir. Con actitudes que me definen ante determinados hechos.
Yo leí, yo me adelanté a ese episodio, y al día siguiente recibí un mensaje muy inquietante y especial. En ese momento comprendí la naturaleza del signo.
Entendí de esos hilos del destino que a veces nos dejan absortos y llenos de preguntas. Que nos motivan a buscar respuestas. Que nos confirman que hay mucho más de lo que puede verse y tocarse.
Cuando se habla de la literatura como sinónimo de magia, aún con lo racional que soy, o que solía ser, porque me confieso cada día más abierta a darle chance a lo que escapa a la ciencia fría, puedo decir sin sentirme rara por defender esta postura, que es totalmente cierto. Existe un gran poder en la palabra. Enorme y profundo.
A veces los personajes se nos parecen y tienen ganas de vivir en nosotros. Sus vidas vienen a las nuestras. Nos revelan potenciales, nos brindan sus propias herramientas para manejarnos fuera del universo del papel.
Sí, a veces se nos parecen demasiado. A veces no sabemos si leímos o vivimos.
Y esto que digo no es una metáfora.

...............................

Ver el archivos adjunto 59671
Es tan bello, lo he vivido eso tantas veces, y en la lectura me he encontrado yo mismo. Ahora mismo mis bellos se erizan recordando esos momentos tan especiales en la lectura. Encantado de leerte estimada Cecilya. Un abrazo con la pluma del alma
 
Es tan bello, lo he vivido eso tantas veces, y en la lectura me he encontrado yo mismo. Ahora mismo mis bellos se erizan recordando esos momentos tan especiales en la lectura. Encantado de leerte estimada Cecilya. Un abrazo con la pluma del alma

Me alegra, José que esta prosa te haya identificado.
Creo que hay obras que nos transforman la vida.
Muchas gracias por dejarme tu huella.
Un abrazo y feliz martes.
 
Atrás
Arriba