Los gritos me alimentan
a la sombra de la noche que me cubre
llevo la oscuridad muy adentro
no sé a quién di mi luz
y por eso me arrepiento,
me recuesto en la ventana observando su caída
se dispersan sus fragmentos llenando al universo de color
con otra estrella extinta;
esa es la ironía de la belleza,
la cruel naturaleza,
la cruda realidad que nos rodea;
no hay paz por estos días
o nunca tuve paz
sólo una voz que me decía la verdad
el amor siempre ha sido un espejismo
sólo una máscara que nunca me mostró
la verdadera cara del dolor
dos ojos negros que nunca se arrepintieron
por todo lo que hicieron.
La única diferencia entre tú y yo es el tiempo transcurrido
la locura que he encontrado en todos lados
y ya no me interesa ser feliz
sólo apaciguar este deseo,
la satisfacción de la venganza
mirar tu miedo
con estos ojos inmunes y vacíos
atravesar este mundo tan distinto,
tan distante,
tan frio,
poder llegar a ti
taparte con mis manos,
aspirar el aire que aún te queda
hasta asfixiarnos.
Mi cuerpo se consume a si mismo
cada día un poco más,
me he entregado a los caprichos del azar
girando el tambor, pulsando el gatillo,
sintiendo al miedo sudar
vencido por todo lo que ha vivido
y como ha llegado al final de este camino
sin nada más que dar;
hoy te tuve presente
una vez más,
el tiempo es mi amo y mi enemigo
vivo otro día porque así lo decidió
me escondo de la voces transitantes,
de la ciudad que cubre con hollín al cielo
pintándolo de negro
dejando en las ventanas sus cenizas;
cierra los postigos para que yo no pueda entrar
quédate adentro
no enfrentes la verdad que miras
esto es el final
nada va a cambiar
sólo podemos intentar salvarnos nosotros mismos
pero no intentes huir
no hay a donde ir
y nadie nos puede ayudar
estás tan sola,
tan desnuda e indefensa
como lo he estado yo.
Los fantasmas me persiguen
las cortadas en la piel atestiguan cada paso recorrido
dejando mudas mis palabras,
no podemos evitar la vida
espíritus acechan estas tormentas heladas
y detrás de las paredes
rodeado por el olor a muerte
cierro mis ojos y navego
hacia el pálido sol;
mis manos sarmentosas dibujan el papel
garabateando una cara de mujer
no sé qué es más difícil de plasmar
imágenes,
palabras;
por eso siempre el blanco permanece
y la historia nunca llega a su final,
se acumulan los papeles por el piso
esperando un arrebato de dolor
que suelte el cerillo que mis dedos aún controlan
y caiga sobre ellos mi verdad
quemando lo que una vez sentí por ti
borrando por completo el universo,
sólo una vez quisiera que sintieras lo que siento
y sin embargo,
no es mi decisión...
a la sombra de la noche que me cubre
llevo la oscuridad muy adentro
no sé a quién di mi luz
y por eso me arrepiento,
me recuesto en la ventana observando su caída
se dispersan sus fragmentos llenando al universo de color
con otra estrella extinta;
esa es la ironía de la belleza,
la cruel naturaleza,
la cruda realidad que nos rodea;
no hay paz por estos días
o nunca tuve paz
sólo una voz que me decía la verdad
el amor siempre ha sido un espejismo
sólo una máscara que nunca me mostró
la verdadera cara del dolor
dos ojos negros que nunca se arrepintieron
por todo lo que hicieron.
La única diferencia entre tú y yo es el tiempo transcurrido
la locura que he encontrado en todos lados
y ya no me interesa ser feliz
sólo apaciguar este deseo,
la satisfacción de la venganza
mirar tu miedo
con estos ojos inmunes y vacíos
atravesar este mundo tan distinto,
tan distante,
tan frio,
poder llegar a ti
taparte con mis manos,
aspirar el aire que aún te queda
hasta asfixiarnos.
Mi cuerpo se consume a si mismo
cada día un poco más,
me he entregado a los caprichos del azar
girando el tambor, pulsando el gatillo,
sintiendo al miedo sudar
vencido por todo lo que ha vivido
y como ha llegado al final de este camino
sin nada más que dar;
hoy te tuve presente
una vez más,
el tiempo es mi amo y mi enemigo
vivo otro día porque así lo decidió
me escondo de la voces transitantes,
de la ciudad que cubre con hollín al cielo
pintándolo de negro
dejando en las ventanas sus cenizas;
cierra los postigos para que yo no pueda entrar
quédate adentro
no enfrentes la verdad que miras
esto es el final
nada va a cambiar
sólo podemos intentar salvarnos nosotros mismos
pero no intentes huir
no hay a donde ir
y nadie nos puede ayudar
estás tan sola,
tan desnuda e indefensa
como lo he estado yo.
Los fantasmas me persiguen
las cortadas en la piel atestiguan cada paso recorrido
dejando mudas mis palabras,
no podemos evitar la vida
espíritus acechan estas tormentas heladas
y detrás de las paredes
rodeado por el olor a muerte
cierro mis ojos y navego
hacia el pálido sol;
mis manos sarmentosas dibujan el papel
garabateando una cara de mujer
no sé qué es más difícil de plasmar
imágenes,
palabras;
por eso siempre el blanco permanece
y la historia nunca llega a su final,
se acumulan los papeles por el piso
esperando un arrebato de dolor
que suelte el cerillo que mis dedos aún controlan
y caiga sobre ellos mi verdad
quemando lo que una vez sentí por ti
borrando por completo el universo,
sólo una vez quisiera que sintieras lo que siento
y sin embargo,
no es mi decisión...