Vítores de guerra senil adolecente estallan en la ciudad contra un presente con pasado olor a muerte.
Vellosos tras el voraz solfeo de la muchedumbre imberbe, se descubren pliegos mensajeros del tiempo formando paisajes de hondos sueños Cansados.
En la solapa de sus ojos yace hiriente la inasible victoria que el fiero impune mandato acéfalo volcó a la definición más despreciable.
Caminan,
Se miran, se buscan, reparan su silencio ensangrentado, huyen en los carros del descontento que huelga en el té y
En el limpio mantel de mesa,
Así por horas, así por días, así por años, así por la vida, así por la justa muerte, vuelven, de cuando en vida, de cuando en muerte,
Tras sus esparcidos pasos
A descubrir los colores que aún vivos se agitan vigorosos bajo la sombra del sórdido recuerdo
Del largo verano negro.
Vellosos tras el voraz solfeo de la muchedumbre imberbe, se descubren pliegos mensajeros del tiempo formando paisajes de hondos sueños Cansados.
En la solapa de sus ojos yace hiriente la inasible victoria que el fiero impune mandato acéfalo volcó a la definición más despreciable.
Caminan,
Se miran, se buscan, reparan su silencio ensangrentado, huyen en los carros del descontento que huelga en el té y
En el limpio mantel de mesa,
Así por horas, así por días, así por años, así por la vida, así por la justa muerte, vuelven, de cuando en vida, de cuando en muerte,
Tras sus esparcidos pasos
A descubrir los colores que aún vivos se agitan vigorosos bajo la sombra del sórdido recuerdo
Del largo verano negro.
Última edición: