Escúchame,
Aunque palabras
No formulen mis labios.
Mírame a los ojos
Y ellos te dirán,
Claramente,
Lo que dentro de mí
Se oculta.
Lo que no quiero mostrar,
Quizás por vergüenza
O porque no sé en que forma
Hacer frente a mi debilidad,
Mis defectos, mi cobardía;
A todo eso que tanto detesto
Y que no percibes en mi persona.
Invisible me siento
En medio de lo que me rodea.
Nadie escucha la huella de mis pasos,
Aunque estos resuenen contra la tormenta;
Nadie observa la sangre que mancha,
Que cubre mis manos yertas
Y que procede de la herida
Que la desesperación dejó en mi cabeza.
Nido de serpientes,
Sin saber cómo
En mi vientre habitó;
Se retuercen y muerden
Y lo que a duras penas pervive
Se deshace en su veneno
Y fantasmas de sombra y hielo
Hacen de mí su presa.
Dulce, dulce fe,
Que hace tanto se perdió
Cuando abrí la ventana de la realidad
Y por allí, rauda
Y sin mirar atrás,
Huyó.
Y el lobo,
el lobo rapaz de la decepción
Abrió sus fauces
Y mi mundo entero tragó.
Aunque palabras
No formulen mis labios.
Mírame a los ojos
Y ellos te dirán,
Claramente,
Lo que dentro de mí
Se oculta.
Lo que no quiero mostrar,
Quizás por vergüenza
O porque no sé en que forma
Hacer frente a mi debilidad,
Mis defectos, mi cobardía;
A todo eso que tanto detesto
Y que no percibes en mi persona.
Invisible me siento
En medio de lo que me rodea.
Nadie escucha la huella de mis pasos,
Aunque estos resuenen contra la tormenta;
Nadie observa la sangre que mancha,
Que cubre mis manos yertas
Y que procede de la herida
Que la desesperación dejó en mi cabeza.
Nido de serpientes,
Sin saber cómo
En mi vientre habitó;
Se retuercen y muerden
Y lo que a duras penas pervive
Se deshace en su veneno
Y fantasmas de sombra y hielo
Hacen de mí su presa.
Dulce, dulce fe,
Que hace tanto se perdió
Cuando abrí la ventana de la realidad
Y por allí, rauda
Y sin mirar atrás,
Huyó.
Y el lobo,
el lobo rapaz de la decepción
Abrió sus fauces
Y mi mundo entero tragó.