necros73
Poeta que considera el portal su segunda casa
Necros
I
La mar, la vida,
toda esta podrida.
Lúgubres compases
acompañan la agonía
de un gin and tonic
a medio día.
¿Para qué me sirve
tanto verde,
si por más que trato
no florezco?
¿ Y ese divino absurdo
de saberme despreciado-
sublimado; hijo sin padre,
carne sin espíritu?
Mejor
invítame una copa
( rebosante del veneno
de sus labios)
invítame un suspiro
( por ese cariño abortado
por su voz )
invítame un beso
( uno eterno, uno con sabor
a desprecio)
Son estos los días
de la tierna furia.
Las noches de los
suicidas insomnes.
¿Para qué me sirve
tanto azul, si por más
que trato, en ese cielo
no logro ahogarme?
Mejor vivamos
de limosnas
y regaños,
cual leprosos,
parias del amar,
parias del soñar.
Solo así es posible
gozar de la sangre
que dejaste
en el espejo del baño,
la que forma
las palabras:
Y sin embargo
aún te amo....
II
Tal vez solo
baste
un instante,
en esta pesadilla,
para condenar
al alma impura
de aquél
que de noche visita
la anfiteatros,
los cementerios
y los camposantos
buscando saciar su apremio
por amar
al rasgar,
al mancillar
un cuerpo
inerte.
Tanta pasión vuelta
polvo,
ceniza,
decadencia
y yo aquí
revolcándome
en el cieno
de mi inexistencia
Afanoso buscaba consuelo
en esos labios
grises.
El calor perdido
de un cuerpo
cansado de besar
la sombra que lo persigue
por las calles;
etéreo
se arremolina
bajo las bancas de un
kiosco
iluminado
por la luz mortecina
de un farol,
del cual pende
el
cuerpo
del
suicida,
balanceándose
al compas
de los besos
de las arpías
que satisfacen
su hambre,
su sed
con la piel,
la sangre
del maldito.
III
Asesinos que extasiados
se bañan
en el
licor carmesí
de los inocentes.
Prostitutas
de ropas
rasgadas
y
sangre
envenenada.
Suicidas de ojos
perdidos
y
cicatrices
en las
muñecas.
Violadores
de uñas negras
y
miradas vacías.
Todos ellos
espectadores,
todos ellos
participantes,
cómplices,
víctimas
y
verdugos.
Indiferenciados,
se nutren
se
consuelan entre sí,
compartiendo
anécdotas,
consejos
y
ese
cáliz
de plata
rebosante
de
nuestras
más oscuras
pasiones
Todos juntos
brindamos.
Todos juntos
comiendo
los frutos
del árbol
del ahorcado.
Comulgando
con las
olvidadas
deidades
que
pululan
en la noche.
IV
Ven muerte, ven...
acurrúcate
en mis
brazos.
Ven muerte, ven...
perdona
mis palabras
rotas.
Ven muerte, ven...
toma
la navaja
y
esculpe
tu nombre
en mi piel.
Ven muerte, ven....
líbrame
de
tu miseria,
líbrame
de
mi miseria.
V
Yo, Necros
señor del caos,
ángel caído,
abismo
y
locura
soy
el camino oscuro.
Aquél trazado
hace
mil vidas,
hace
mil muertes.
Soy
aquél que
susurra
a tu oído:
la muerte no lastima
la vida
es la que
duele.
I
La mar, la vida,
toda esta podrida.
Lúgubres compases
acompañan la agonía
de un gin and tonic
a medio día.
¿Para qué me sirve
tanto verde,
si por más que trato
no florezco?
¿ Y ese divino absurdo
de saberme despreciado-
sublimado; hijo sin padre,
carne sin espíritu?
Mejor
invítame una copa
( rebosante del veneno
de sus labios)
invítame un suspiro
( por ese cariño abortado
por su voz )
invítame un beso
( uno eterno, uno con sabor
a desprecio)
Son estos los días
de la tierna furia.
Las noches de los
suicidas insomnes.
¿Para qué me sirve
tanto azul, si por más
que trato, en ese cielo
no logro ahogarme?
Mejor vivamos
de limosnas
y regaños,
cual leprosos,
parias del amar,
parias del soñar.
Solo así es posible
gozar de la sangre
que dejaste
en el espejo del baño,
la que forma
las palabras:
Y sin embargo
aún te amo....
II
Tal vez solo
baste
un instante,
en esta pesadilla,
para condenar
al alma impura
de aquél
que de noche visita
la anfiteatros,
los cementerios
y los camposantos
buscando saciar su apremio
por amar
al rasgar,
al mancillar
un cuerpo
inerte.
Tanta pasión vuelta
polvo,
ceniza,
decadencia
y yo aquí
revolcándome
en el cieno
de mi inexistencia
Afanoso buscaba consuelo
en esos labios
grises.
El calor perdido
de un cuerpo
cansado de besar
la sombra que lo persigue
por las calles;
etéreo
se arremolina
bajo las bancas de un
kiosco
iluminado
por la luz mortecina
de un farol,
del cual pende
el
cuerpo
del
suicida,
balanceándose
al compas
de los besos
de las arpías
que satisfacen
su hambre,
su sed
con la piel,
la sangre
del maldito.
III
Asesinos que extasiados
se bañan
en el
licor carmesí
de los inocentes.
Prostitutas
de ropas
rasgadas
y
sangre
envenenada.
Suicidas de ojos
perdidos
y
cicatrices
en las
muñecas.
Violadores
de uñas negras
y
miradas vacías.
Todos ellos
espectadores,
todos ellos
participantes,
cómplices,
víctimas
y
verdugos.
Indiferenciados,
se nutren
se
consuelan entre sí,
compartiendo
anécdotas,
consejos
y
ese
cáliz
de plata
rebosante
de
nuestras
más oscuras
pasiones
Todos juntos
brindamos.
Todos juntos
comiendo
los frutos
del árbol
del ahorcado.
Comulgando
con las
olvidadas
deidades
que
pululan
en la noche.
IV
Ven muerte, ven...
acurrúcate
en mis
brazos.
Ven muerte, ven...
perdona
mis palabras
rotas.
Ven muerte, ven...
toma
la navaja
y
esculpe
tu nombre
en mi piel.
Ven muerte, ven....
líbrame
de
tu miseria,
líbrame
de
mi miseria.
V
Yo, Necros
señor del caos,
ángel caído,
abismo
y
locura
soy
el camino oscuro.
Aquél trazado
hace
mil vidas,
hace
mil muertes.
Soy
aquél que
susurra
a tu oído:
la muerte no lastima
la vida
es la que
duele.