abcd
Poeta adicto al portal
Tus ojos laicos
dulces, morales,
católicos de vacío intrapersonal,
me aclaman,
enervan su último juicio virginal
del otro lado de la vida.
No vibra la víbora de agua en tu garganta,
tu arte de sátira elegancia,
permanece quieto.
No callas
el gozo de mi germen prostituto en tus adentros,
ni gritas
la calma diocesana de esta lengua sucia
que tributa especias en tu espalda.
Mutas sorda de mano, ciega de oídos,
estas cuasiperfecta
en mi vaivén de sombra eclipsante.
Tu piel de arena desnuda,
que se abre, que es papel,
con una lava preciosa que trago gustoso.
Semillas de vos escupo al cielo
donde quizá escondes tu gemido,
todo, por jactarme de no tener color humano.
Ah, si respiro por vos,
si te lleno
del estado acuoso más bizarro,
si te abrazo
dándole otra alma violada a tu cuento cristal.
Quizá te quise siempre así,
inmaculada a mis antojos desquiciables.
Ya basta,
no sangres de mi herida…
Estás hermosa,
pacífica,
blanca,
blanda,
beata…
dulces, morales,
católicos de vacío intrapersonal,
me aclaman,
enervan su último juicio virginal
del otro lado de la vida.
No vibra la víbora de agua en tu garganta,
tu arte de sátira elegancia,
permanece quieto.
No callas
el gozo de mi germen prostituto en tus adentros,
ni gritas
la calma diocesana de esta lengua sucia
que tributa especias en tu espalda.
Mutas sorda de mano, ciega de oídos,
estas cuasiperfecta
en mi vaivén de sombra eclipsante.
Tu piel de arena desnuda,
que se abre, que es papel,
con una lava preciosa que trago gustoso.
Semillas de vos escupo al cielo
donde quizá escondes tu gemido,
todo, por jactarme de no tener color humano.
Ah, si respiro por vos,
si te lleno
del estado acuoso más bizarro,
si te abrazo
dándole otra alma violada a tu cuento cristal.
Quizá te quise siempre así,
inmaculada a mis antojos desquiciables.
Ya basta,
no sangres de mi herida…
Estás hermosa,
pacífica,
blanca,
blanda,
beata…
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