José Luis Galarza
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tengo la huida en los rasgos
y la presión de estar en este pupitre para olvidar.
Traigo silencios y los ofrezco,
no son bien acogidos,
veo el recelo, la desconfianza.
Hay una diferencia que aplasta este espacio.
Revivo aquí un crimen
cuando el techo está cayendo sobre nosotros,
aunque armes la mejor sonrisa,
aunque imite la palidez en la mañana,
aunque rechace la invitación con retraimiento,
aunque no pueda creer en la mirada,
hay un puente aéreo tendido entre nosotros.
Quiero escuchar la calidez de la voz,
lo familiar que puede resultar tu voz,
la voz humana detenta algo irremediable,
en los genes traigo la respuesta,
el terror de los que olfatean la muerte,
con un idioma, con banderas y símbolos
se introducen como dagas en la sombra.
Se presentan con estas armas.
Hay una reticencia de la que nadie habla.
No tengo explicaciones de lo que importa,
mientras tanto, qué hago con el cuaderno,
los garabatos y mis silencios
cuando el tiempo borra mi familia.
Quieren que me integre y es una suma inaceptable,
inequidad que no responde a lógica alguna,
inequidad que es parte de la falta de sinceridad
con que estamos resolviendo las diferencias,
inequidad que contribuye a que sea más profunda.
Tenemos ardiendo la comunicación
en el rincón de nuestro silencio,
porque las acciones tienen más peso
mi respuesta es un cuerpo empotrado en la expectativa,
en la contemplación de los actos,
en el movimiento de una cultura que no es la mía.
Y es mayor el problema cuando no podés enunciar.
No podés terminar de dar forma a la propia.
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