razyel
Poeta recién llegado
Se paró frente al espejo,
la vanidad le comía las uñas,
se miró y analizó
cada céntimo de su rostro,
cada lunar, cada surco,
se confesó amor eterno,
profesando su belleza
de modo enfermizo,
admirándose, ensalzándose
hasta el desquicio.
Se acarició, se besó,
se abrazó, se tanteó,
mientras relamía sus labios.
Se amaba, amaba sus ojos,
quizás más que a su vida,
porque sólo con ellos podía
contemplar su inmensa hermosura.
Mordió sus labios con ternura,
hasta sangrar dulcemente,
y con su sangre pinto sus ojos.
Mordió su pezón,
estrujó sus senos con pasión,
acarició sus piernas,
se postro de rodillas,
y súbitamente,
se arranco los ojos,
para devorárselos
cumpliendo su sueño,
de admirarse por dentro,
muriendo en su locura.
la vanidad le comía las uñas,
se miró y analizó
cada céntimo de su rostro,
cada lunar, cada surco,
se confesó amor eterno,
profesando su belleza
de modo enfermizo,
admirándose, ensalzándose
hasta el desquicio.
Se acarició, se besó,
se abrazó, se tanteó,
mientras relamía sus labios.
Se amaba, amaba sus ojos,
quizás más que a su vida,
porque sólo con ellos podía
contemplar su inmensa hermosura.
Mordió sus labios con ternura,
hasta sangrar dulcemente,
y con su sangre pinto sus ojos.
Mordió su pezón,
estrujó sus senos con pasión,
acarició sus piernas,
se postro de rodillas,
y súbitamente,
se arranco los ojos,
para devorárselos
cumpliendo su sueño,
de admirarse por dentro,
muriendo en su locura.
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