Abraham Ferreira Khalil
Poeta recién llegado
Descansa, niño querido,
en las alcobas del cielo;
tu colcha la harán las nubes
y tu almohada los luceros.
Los luceros que te guían
por estos senderos viejos,
viejos de ser recorridos,
recorridos hace tiempo.
Ellos te mostrarán todo
cuando yo navegue incierto;
ellos te abrirán las puertas
donde se encierran tus sueños.
No abras los ojos, mi niño,
jamás los tengas abiertos
para ver que en este mundo
los muertos se están muriendo.
Muy larga fue su agonía
y muy largo su silencio;
¡ay del hombre que abandona
al niño que lleva dentro!
No quieras crecer, muchacho,
no disputes tus recuerdos,
no vaya a venir la sombra
y se los lleve muy lejos.
Triste es la estrella del hombre
desde que en su nacimiento
Dios le dijo: “¡ay, criatura,
vivirás siempre sufriendo!”
Duro es este hueso, niño,
quizás no puedas romperlo;
sólo aquel que siembre estrellas
con ellas quebrará el hueso.
Descansa, niño querido,
no despiertes de tu sueño,
no vaya a venir la sombra
y a los dos nos lleve lejos.
© Abraham Ferreira Khalil
en las alcobas del cielo;
tu colcha la harán las nubes
y tu almohada los luceros.
Los luceros que te guían
por estos senderos viejos,
viejos de ser recorridos,
recorridos hace tiempo.
Ellos te mostrarán todo
cuando yo navegue incierto;
ellos te abrirán las puertas
donde se encierran tus sueños.
No abras los ojos, mi niño,
jamás los tengas abiertos
para ver que en este mundo
los muertos se están muriendo.
Muy larga fue su agonía
y muy largo su silencio;
¡ay del hombre que abandona
al niño que lleva dentro!
No quieras crecer, muchacho,
no disputes tus recuerdos,
no vaya a venir la sombra
y se los lleve muy lejos.
Triste es la estrella del hombre
desde que en su nacimiento
Dios le dijo: “¡ay, criatura,
vivirás siempre sufriendo!”
Duro es este hueso, niño,
quizás no puedas romperlo;
sólo aquel que siembre estrellas
con ellas quebrará el hueso.
Descansa, niño querido,
no despiertes de tu sueño,
no vaya a venir la sombra
y a los dos nos lleve lejos.
© Abraham Ferreira Khalil