Andeco
Poeta recién llegado
La oscuridad me susurra que de horror grite,
La soledad me suplica levantar las manos para exigirle piedad a la vida,
todo es en vano, nada hay que pueda hacer para intentar nacer, solo me queda el buitre.
La muerte me enamora cada vez que la nube negra se posa en mí lengua,
Estoy infectado de un deterioro interno que hasta hoy me obliga a mutilarme el corazón.
Muerte, fría muerte corre por mis venas ya secas de vida alguna.
Poco a poco me hundo en la sombra, desde dentro muero.
¿Y la luz?
La fosforescencia de la mañana no se ve desde mi ventana, se me extravío la sonrisa,
Perdida está mi mirada azul, desnudos mis pies del beso de sal oceánica,
Se me olvidó en el camino el abrazo (talvez porque ahora no tengo a quien dárselo).
Solo me queda el velo bruno que el mundo me a puesto.
Solo me queda respirar el aire funesto
para al final (este no es mi deseo, pero sin duda es mi fin), después de un último parpadeo, morir.
La soledad me suplica levantar las manos para exigirle piedad a la vida,
todo es en vano, nada hay que pueda hacer para intentar nacer, solo me queda el buitre.
La muerte me enamora cada vez que la nube negra se posa en mí lengua,
Estoy infectado de un deterioro interno que hasta hoy me obliga a mutilarme el corazón.
Muerte, fría muerte corre por mis venas ya secas de vida alguna.
Poco a poco me hundo en la sombra, desde dentro muero.
¿Y la luz?
La fosforescencia de la mañana no se ve desde mi ventana, se me extravío la sonrisa,
Perdida está mi mirada azul, desnudos mis pies del beso de sal oceánica,
Se me olvidó en el camino el abrazo (talvez porque ahora no tengo a quien dárselo).
Solo me queda el velo bruno que el mundo me a puesto.
Solo me queda respirar el aire funesto
para al final (este no es mi deseo, pero sin duda es mi fin), después de un último parpadeo, morir.
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