IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Hundimiento sin retorno,
cuando toda oscuridad nos parece visible,
conoceremos nuestra verdadera perdición,
debajo de umbrales temidos,
¿qué más horrendo
que la soledad más completa?
donde nuestra mente se fuga,
y los sentidos nos perciben
fuera de nuestro cuerpo,
fuera de toda posesión,
tirita el alma de frío,
tremulante escozor,
de una agonía desenfrenada,
de una desesperanza sin limite,
no hay mar ni luna,
que nos revuelva el vientre,
que nos despeje el pensamiento,
que nos desuelle los sentidos,
nos hundimos,
sin voluntad de seguir cayendo,
pero caemos,
perdemos pasos y piernas,
destinos y brazos,
escrituras y mente,
poesía y soledad,
inertes e inherentes a la inercia,
inefable insatisfacción
de un inequívoco acierto primordial,
con las ventanas del alma abiertas,
recibimos la brisa más gélida
que ningún ser consciente presenció,
aturdidos de crueldad,
cerramos el alma,
y le juramos al tiempo
que nunca nada ni nadie
nos volverá a contar.
cuando toda oscuridad nos parece visible,
conoceremos nuestra verdadera perdición,
debajo de umbrales temidos,
¿qué más horrendo
que la soledad más completa?
donde nuestra mente se fuga,
y los sentidos nos perciben
fuera de nuestro cuerpo,
fuera de toda posesión,
tirita el alma de frío,
tremulante escozor,
de una agonía desenfrenada,
de una desesperanza sin limite,
no hay mar ni luna,
que nos revuelva el vientre,
que nos despeje el pensamiento,
que nos desuelle los sentidos,
nos hundimos,
sin voluntad de seguir cayendo,
pero caemos,
perdemos pasos y piernas,
destinos y brazos,
escrituras y mente,
poesía y soledad,
inertes e inherentes a la inercia,
inefable insatisfacción
de un inequívoco acierto primordial,
con las ventanas del alma abiertas,
recibimos la brisa más gélida
que ningún ser consciente presenció,
aturdidos de crueldad,
cerramos el alma,
y le juramos al tiempo
que nunca nada ni nadie
nos volverá a contar.