lo puse en el foro de amor pero pareciera pertenecer mas aqui saludos
Las lagrimas caen a sus orillas, pareciera hecho de ellas. El lago de los lamentos. Cada gota oscila su ser dolido , las ondas se esparcen por el mundo , volviendo hacia si. No se puede escapar del dolor . La mirada se vuelve ausente, agonizante su observante desfallece mientras ella se ahoga en un morbo vouyerista camuflado en el palido grito de sus sollozos. El dolor traspasa sus barreras, es evidente su presencia mas no lo es el descomunal peso que comienza a quebrar sus huesos a calar en la carne, a desgarrar su alma.
El cuerpo del amante pende de una corroida cuerda bajo aquel lobrego arbol que cobijaba sus presencias . La autodenominada viuda mira por ultima vez el cuerpo, contempla su completa rigidez, cierra sus ojos y da cuenta de la oscuridad. Se siente nada, se escucha nada. Hasta que les abre y arde su pecho bajo la paradoja cosmica el sol brilla y quema mas fuerte que antes, apunta hacia la cuerda. Le mira con temor y comienza a odiar ese simple pedazo de genero que aprieta el blanco cuello de su dolor, susurra palabras ininteligibles en silencio y es este mismo quien le provee la cruda realidad, no odia la cuerda se odia a si misma, ella se da cuenta que la cuerda son sus manos
Las lagrimas caen a sus orillas, pareciera hecho de ellas. El lago de los lamentos. Cada gota oscila su ser dolido , las ondas se esparcen por el mundo , volviendo hacia si. No se puede escapar del dolor . La mirada se vuelve ausente, agonizante su observante desfallece mientras ella se ahoga en un morbo vouyerista camuflado en el palido grito de sus sollozos. El dolor traspasa sus barreras, es evidente su presencia mas no lo es el descomunal peso que comienza a quebrar sus huesos a calar en la carne, a desgarrar su alma.
El cuerpo del amante pende de una corroida cuerda bajo aquel lobrego arbol que cobijaba sus presencias . La autodenominada viuda mira por ultima vez el cuerpo, contempla su completa rigidez, cierra sus ojos y da cuenta de la oscuridad. Se siente nada, se escucha nada. Hasta que les abre y arde su pecho bajo la paradoja cosmica el sol brilla y quema mas fuerte que antes, apunta hacia la cuerda. Le mira con temor y comienza a odiar ese simple pedazo de genero que aprieta el blanco cuello de su dolor, susurra palabras ininteligibles en silencio y es este mismo quien le provee la cruda realidad, no odia la cuerda se odia a si misma, ella se da cuenta que la cuerda son sus manos