NACIMIENTODE LA NUEVA BELLEZA
El cuadrado se desliza, aleve,
Por el borde claroscuro de la elipse.
Su suave bisbiseo como alfanje sobre piedra
Ondula en azul armonía los escalenos
Triángulos violáceos de la base.
En un cenital momento , la sutil diagonal
Perpetra el crimen y la roja mancha
Informe se instala entre las curvas
Con feroz arritmia añil-magenta,
Como un ónfalo precario y estridente.
Consumada la hecatombe, nuevas estrellas
Azules se entrelazan con azorado ritmo,
Subiendo en sesgo audaz hacia el cenit,
Como sagrado humo que a los dioses
Impetrara una nueva Belleza.
Mientras, fuera del cuadro y ajeno a éste,
Monsieur Rimbaud, sin percatarse que su Belleza,
La que él había sentado en sus rodillas,
Se había indolentemente marchitado, escribía:
”La lujuria, magnífica,la lujuria...”.
W. Kandinsky
El cuadrado se desliza, aleve,
Por el borde claroscuro de la elipse.
Su suave bisbiseo como alfanje sobre piedra
Ondula en azul armonía los escalenos
Triángulos violáceos de la base.
En un cenital momento , la sutil diagonal
Perpetra el crimen y la roja mancha
Informe se instala entre las curvas
Con feroz arritmia añil-magenta,
Como un ónfalo precario y estridente.
Consumada la hecatombe, nuevas estrellas
Azules se entrelazan con azorado ritmo,
Subiendo en sesgo audaz hacia el cenit,
Como sagrado humo que a los dioses
Impetrara una nueva Belleza.
Mientras, fuera del cuadro y ajeno a éste,
Monsieur Rimbaud, sin percatarse que su Belleza,
La que él había sentado en sus rodillas,
Se había indolentemente marchitado, escribía:
”La lujuria, magnífica,la lujuria...”.
W. Kandinsky
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