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Murunda - minirrelato

Manolo Martínez

Poeta fiel al portal
“¡Murunda!, ¡Murunda!, has llegado al lugar indicado, ¿cuál es tu nombre mi querido/a?; ven, siéntate y ponte cómodo/a, aquí estoy yo para descubrir el secreto génesis de tus males” ...


Así, de suave voz y agradable forma, acostumbra a recibir doña Petrona, la flamante nueva habitante de la villa, a todos sus visitantes, los cuales, la mayoría de las veces, llegan tristes y desesperanzados por los distintos tipos de vicisitudes que les presenta la vida, como la falta de trabajo, problemas de salud, angustias del querer, etc.

Como es de imaginar, no bien se anotician de las “bondades” que esta mujer les puede ofrecer, concurren buscando todo tipo de respuestas o soluciones a sus pesares, sea de la manera que fuere. Se puede remediar la situación con una simple lectura del Tarot o se puede ir más allá, como en casos de problemas sentimentales, practicando alguno que otro “trabajo” o “amarre”. La paga es a voluntad del cliente, pero cuando ya son "encargos grandes” eso sí tiene una tarifa. Cuando la visita es, como generalmente sucede, por “mal de amores”, ella casi siempre los hace volver por segunda vez y les pide que lo hagan trayendo foto, objeto o prenda íntima de la persona a la que se va a “trabajar”.

Como podrán imaginarse, con el pasar de estos meses, ha crecido la popularidad de esta mujer y sus concurrentes, y de allí, que “la Mamá Petrona”, como la llaman algunos ahora, encabeza el “top ten” de los personajes más importantes de la villa, dejando en segundo y tercer lugar a personalidades como el señor Comisario y el señor Cura, quienes cuentan con una trayectoria de más de quince y diez años respectivamente.

Su “club de fans” ha ido en aumento, ya que no sólo concurren asiduamente las señoras grandes y ututas, los desempleados, enfermos o malheridos de amor, sino que también se le suman señoritas adolescentes y jóvenes apuestos, todos, en busca de una respuesta a sus interrogantes de vida.

De tantos y tantos visitantes, días pasados llegó a la consulta con esta pitonisa mi amigo Ponciano Fuentes y procedió a explayar detenidamente todos sus infortunios. Días después, este ser humano, al ver resultados -aparentemente favorables- a todos sus problemas e inquietudes, corrió la voz de que se había cumplido al pie de la letra todo lo que le había profetizado doña Petrona; pero a dicho mensaje, le agregó una frase de su autoría: “el secreto para que se cumplan nuestros deseos es recitar varias veces Murunda como lo hace ella; yo lo hice y se cumplieron todos mis sueños”.

Aquella versión, por supuesto, sin que Ponciano se percatara en lo más mínimo, se instaló en la villa como “reguero de pólvora”, a tal extremo que, al día de hoy, algunos cuando se saludan en la calle, en vez de decir “buen día”, “buenas tardes” o “buenas noches”, levantan el brazo y resumen el saludo con un “Murunda” en señal de buena suerte o buena onda.

Ninguno que yo conozca, tal vez me equivoque, hasta el momento se hizo rico después de visitar a la ilustre curandera: el que es pobre sigue siendo pobre; como tampoco se produjo algún tipo de milagros en relación a la salud de otros consultantes, salvo, alguna que otra relación sentimental que se arregló entre novios, maridos o amantes. El tiempo lo dirá …

Esta buena señora, afectada por el estrés producido por atender a tantas personas, ahora descansa domingos y lunes para permitirse salir a pasear con su marido en coche nuevo.

Yo, como siempre, sigo con mi vida y de lunes a sábados voy y vuelvo tranquilo del trabajo. Pero el domingo, bien bañao y perfumao, cuando salgo de paseo por el Parque San Martín y veo una chica linda que me gusta y la quiero conquistar, antes de hacerle frente, me acuerdo de Ponciano, me cubro y, -por si acaso- recito bajito: “Murunda” ... “Murunda” ... “Murunda” ...


Me dicen que las brujas no existen, pero que las hay, las hay...

 
Última edición:
Como siempre un relato agradable, lineal, sin sobresaltos ni en el tiempo ni en el espacio. Con un narrador por encima de todo, que todo lo contempla, que todo lo ve, que todo lo sabe, conociendo el pensamiento de todos y cada uno de los personajes, incluyendo el de la profetisa, "doña Murunda".
A propósito. ¿de dónde te salió ese nombre? Cuidado que un africano te echa algún maleficio.
La ignorancia es atrevida, "dice un refrán".
¿Cuántas "Doñas Petronas" no hay en nuestros países? Centenares.
y, ¿Cuántos incautos? Millones.
Espabilados abundan en este mundo, como se dice: "el vivo vive del bobo".
Lo único cierto es que todas esas situaciones se dan por esos gobiernos que lo que menos desean es que el pueblo se eduque, ya que un pueblo con educación es un arma muy poderosa, cosa que no les convienen a los regímenes que gobiernan a esos países en vías de desarrollo, pero que nunca se desarrollarán ya que así como están gobernarán siempre.
En esta ocasión he hecho un análisis un poco diferente para cambiar de formato.
Revisa el párrafo seis, renglón cuarto, donde, creo, hay un acento inadecuado.

Suerte.
 
“Murunda, Murunda... has llegado al lugar indicado... cuál es tu nombre mi querido/a... ven siéntate y ponte cómodo/a... aquí estoy yo para descubrir el secreto génesis de tus males”...

Así es como acostumbra a recibir doña Petrona, la flamante nueva habitante de la villa, a todos sus visitantes, los cuales la mayoría de las veces llegan desesperanzados, decaídos y hasta a veces desesperados, acuciados por sufrir los distintos tipos de vicisitudes que les presenta la vida como la falta de trabajo, problemas de salud, angustias del querer, etc.

Como es de imaginar, no bien se anotician de las “bondades” que esta mujer les puede ofrecer, concurren buscando todo tipo de respuestas o soluciones a sus pesares, sea de la manera que fuere. Se puede remediar la situación con una simple lectura del Tarot o de cartas o se puede ir más allá practicando alguno que otro “trabajo” o “amarre” en casos de problemas sentimentales. La paga es a voluntad del cliente, pero cuando ya son "trabajos grandes” eso sí tiene una tarifa. Cuando la visita es, como generalmente sucede, por “mal de amores”, ella casi siempre los hace volver por segunda vez y le pide que vuelvan trayendo foto, objeto o prenda íntima de la persona a la que se va a “trabajar”.

Como podrán imaginarse, con el pasar de estos meses, ha crecido la concurrencia y popularidad de esta mujer, y de allí, que “la Mamá Petrona”, como la llaman algunos, ahora encabeza el top ten de las personas más importantes de la villa, dejando en segundo y tercer lugar a personalidades como el señor Comisario y el señor Cura, que cuentan con una trayectoria de más de quince y diez años respectivamente.

Su “club de fans” ha ido en aumento ya que no sólo concurren asiduamente las señoras grandes e inquietas, los desempleados, los enfermos o los malheridos de amor, sino que ahora también se le suman señoritas adolescentes y jóvenes apuestos, todos en busca de una respuesta a sus interrogantes de vida...

De tantos y tantos visitantes, días pasados llegó a la consulta con esta mujer mi amigo Ponciano Fuentes y procedió a explayar detenidamente todos sus infortunios. Días después, este ser humano al ver resultados aparentemente favorables a todos sus problemas e inquietudes, corrió la voz de que se había cumplido al pie de la letra todo lo que le había profetizado doña Petrona; pero a este mensaje le puso un agregado de su autoría: “el secreto para que se cumplan nuestros deseos es recitar varias veces Murunda como lo hace ella; yo lo hice y se cumplieron todos mis sueños”.

Aquella versión por supuesto, sin que Ponciano se percatara en lo más mínimo, se instaló en la villa como “reguero de pólvora”, a tal extremo que algunos cuando se saludan en la calle en vez de decir buen día, buenas tardes o buenas noches, levantan el brazo y resumen el saludo con un “Murunda” en señal de buena suerte o buena onda...

Ninguno que yo conozca, tal vez me equivoque, hasta el momento se hizo rico después de visitar a doña Petrona: el que es pobre sigue siendo pobre; como tampoco se produjo algún tipo de milagros en relación a la salud de otros consultantes; salvo alguna que otra relación sentimental que se arregló entre novios, maridos o amantes. El tiempo lo dirá...

Esta buena señora, afectada por el estrés producido por atender a tantas personas, ahora descansa los domingos y lunes y sale a pasear en coche nuevo, el cual es manejado por su marido.

Yo, sigo mi vida de siempre; de lunes a sábados voy y vuelvo de mi trabajo. Pero el domingo, cuando salgo de paseo por el Parque San Martín y veo una chica linda que me gusta y la quiero conquistar, antes de encararla, me acuerdo de Ponciano, me cubro y por si acaso recito bajito: “Murunda... Murunda... Murunda...

Me dicen de que las brujas no existen, pero de que las hay, las hay...
Me gustó mucho tu relato, situación que se ve a menudo y en todas partes del mundo. Siempre existirán personas sin escrúpulos que querrán aprovecharse de las debilidades humanas. Me gusta como terminas el relato en forma algo burlona sobre las posibles brujas existentes...me ha hecho sonreir tal pensamiento. Te he leído con agrado poeta, un abrazo
 
Como siempre un relato agradable, lineal, sin sobresaltos ni en el tiempo ni en el espacio. Con un narrador por encima de todo, que todo lo contempla, que todo lo ve, que todo lo sabe, conociendo el pensamiento de todos y cada uno de los personajes, incluyendo el de la profetisa, "doña Murunda".
A propósito. ¿de dónde te salió ese nombre? Cuidado que un africano te echa algún maleficio.
La ignorancia es atrevida, "dice un refrán".
¿Cuántas "Doñas Petronas" no hay en nuestros países? Centenares.
y, ¿Cuántos incautos? Millones.
Espabilados abundan en este mundo, como se dice: "el vivo vive del bobo".
Lo único cierto es que todas esas situaciones se dan por esos gobiernos que lo que menos desean es que el pueblo se eduque, ya que un pueblo con educación es un arma muy poderosa, cosa que no les convienen a los regímenes que gobiernan a esos países en vías de desarrollo, pero que nunca se desarrollarán ya que así como están gobernarán siempre.
En esta ocasión he hecho un análisis un poco diferente para cambiar de formato.
Revisa el párrafo seis, renglón cuarto, donde, creo, hay un acento inadecuado.

Suerte.

Como siempre, Sigifredo, muchísimas gracias por tu deferencia... gracias por lo del acento...
Hoy me tocó pegarle a los brujos... mañana ya veré a quien elegir
Murunda, me salió así de repente, si no me equivoco es una ciudad de Rwanda, me resultó simpático, medio "macumbero" . Lo dejé así porque estos brujos se valen de cualquier cosa o nombre para engañar a la gente... que me perdone si es que hay algún "murundes" leyendo.

Te envío un gran abrazo.
 
“Murunda, Murunda... has llegado al lugar indicado... cuál es tu nombre mi querido/a... ven siéntate y ponte cómodo/a... aquí estoy yo para descubrir el secreto génesis de tus males”...

Así es como acostumbra a recibir doña Petrona, la flamante nueva habitante de la villa, a todos sus visitantes, los cuales la mayoría de las veces llegan desesperanzados, decaídos y hasta a veces desesperados, acuciados por sufrir los distintos tipos de vicisitudes que les presenta la vida como la falta de trabajo, problemas de salud, angustias del querer, etc.

Como es de imaginar, no bien se anotician de las “bondades” que esta mujer les puede ofrecer, concurren buscando todo tipo de respuestas o soluciones a sus pesares, sea de la manera que fuere. Se puede remediar la situación con una simple lectura del Tarot o de cartas o se puede ir más allá practicando alguno que otro “trabajo” o “amarre” en casos de problemas sentimentales. La paga es a voluntad del cliente, pero cuando ya son "trabajos grandes” eso sí tiene una tarifa. Cuando la visita es, como generalmente sucede, por “mal de amores”, ella casi siempre los hace volver por segunda vez y le pide que vuelvan trayendo foto, objeto o prenda íntima de la persona a la que se va a “trabajar”.

Como podrán imaginarse, con el pasar de estos meses, ha crecido la concurrencia y popularidad de esta mujer, y de allí, que “la Mamá Petrona”, como la llaman algunos, ahora encabeza el top ten de las personas más importantes de la villa, dejando en segundo y tercer lugar a personalidades como el señor Comisario y el señor Cura, que cuentan con una trayectoria de más de quince y diez años respectivamente.

Su “club de fans” ha ido en aumento ya que no sólo concurren asiduamente las señoras grandes e inquietas, los desempleados, los enfermos o los malheridos de amor, sino que ahora también se le suman señoritas adolescentes y jóvenes apuestos, todos en busca de una respuesta a sus interrogantes de vida...

De tantos y tantos visitantes, días pasados llegó a la consulta con esta mujer mi amigo Ponciano Fuentes y procedió a explayar detenidamente todos sus infortunios. Días después, este ser humano al ver resultados aparentemente favorables a todos sus problemas e inquietudes, corrió la voz de que se había cumplido al pie de la letra todo lo que le había profetizado doña Petrona; pero a este mensaje le puso un agregado de su autoría: “el secreto para que se cumplan nuestros deseos es recitar varias veces Murunda como lo hace ella; yo lo hice y se cumplieron todos mis sueños”.

Aquella versión por supuesto, sin que Ponciano se percatara en lo más mínimo, se instaló en la villa como “reguero de pólvora”, a tal extremo que algunos cuando se saludan en la calle en vez de decir buen día, buenas tardes o buenas noches, levantan el brazo y resumen el saludo con un “Murunda” en señal de buena suerte o buena onda...

Ninguno que yo conozca, tal vez me equivoque, hasta el momento se hizo rico después de visitar a doña Petrona: el que es pobre sigue siendo pobre; como tampoco se produjo algún tipo de milagros en relación a la salud de otros consultantes; salvo alguna que otra relación sentimental que se arregló entre novios, maridos o amantes. El tiempo lo dirá...

Esta buena señora, afectada por el estrés producido por atender a tantas personas, ahora descansa los domingos y lunes y sale a pasear en coche nuevo, el cual es manejado por su marido.

Yo, sigo mi vida de siempre; de lunes a sábados voy y vuelvo de mi trabajo. Pero el domingo, cuando salgo de paseo por el Parque San Martín y veo una chica linda que me gusta y la quiero conquistar, antes de encararla, me acuerdo de Ponciano, me cubro y por si acaso recito bajito: “Murunda... Murunda... Murunda...

Me dicen de que las brujas no existen, pero de que las hay, las hay...
Ayyy amigo Manolo qué lectura tan entretenida, tan amena y tan interesante , me encanta como relatas y defines a los personajes que intervienen en esta historia, mucha Murunda o mucha suerte entren a formar parte de tu vida, y besos de mi parte con admiración y con cariño....muáááááaacksssss....
 
Me gustó mucho tu relato, situación que se ve a menudo y en todas partes del mundo. Siempre existirán personas sin escrúpulos que querrán aprovecharse de las debilidades humanas. Me gusta como terminas el relato en forma algo burlona sobre las posibles brujas existentes...me ha hecho sonreir tal pensamiento. Te he leído con agrado poeta, un abrazo

Al final del relato traté de ponerle algo de humor... sino todo sería muy aburrido, jejeje

Muchísimas gracias, mi estimada Bristy, por tu amable, grato y generoso comentario.

Te envío un gran abrazo. :)
 
Ayyy amigo Manolo qué lectura tan entretenida, tan amena y tan interesante , me encanta como relatas y defines a los personajes que intervienen en esta historia, mucha Murunda o mucha suerte entren a formar parte de tu vida, y besos de mi parte con admiración y con cariño....muáááááaacksssss....

Qué inmensa alegría me da que pases por esta humilde presentación, mi estimada Lomita, dejando tu presencia y tu agradable y estimulante mensaje...

Amiga, te envío un fuerte abrazo. :)
 
“Murunda, Murunda... has llegado al lugar indicado... cuál es tu nombre mi querido/a... ven siéntate y ponte cómodo/a... aquí estoy yo para descubrir el secreto génesis de tus males”...

Así es como acostumbra a recibir doña Petrona, la flamante nueva habitante de la villa, a todos sus visitantes, los cuales la mayoría de las veces llegan desesperanzados, decaídos y hasta a veces desesperados, acuciados por sufrir los distintos tipos de vicisitudes que les presenta la vida como la falta de trabajo, problemas de salud, angustias del querer, etc.

Como es de imaginar, no bien se anotician de las “bondades” que esta mujer les puede ofrecer, concurren buscando todo tipo de respuestas o soluciones a sus pesares, sea de la manera que fuere. Se puede remediar la situación con una simple lectura del Tarot o de cartas o se puede ir más allá practicando alguno que otro “trabajo” o “amarre” en casos de problemas sentimentales. La paga es a voluntad del cliente, pero cuando ya son "trabajos grandes” eso sí tiene una tarifa. Cuando la visita es, como generalmente sucede, por “mal de amores”, ella casi siempre los hace volver por segunda vez y le pide que vuelvan trayendo foto, objeto o prenda íntima de la persona a la que se va a “trabajar”.

Como podrán imaginarse, con el pasar de estos meses, ha crecido la concurrencia y popularidad de esta mujer, y de allí, que “la Mamá Petrona”, como la llaman algunos, ahora encabeza el top ten de las personas más importantes de la villa, dejando en segundo y tercer lugar a personalidades como el señor Comisario y el señor Cura, que cuentan con una trayectoria de más de quince y diez años respectivamente.

Su “club de fans” ha ido en aumento ya que no sólo concurren asiduamente las señoras grandes e inquietas, los desempleados, los enfermos o los malheridos de amor, sino que ahora también se le suman señoritas adolescentes y jóvenes apuestos, todos en busca de una respuesta a sus interrogantes de vida...

De tantos y tantos visitantes, días pasados llegó a la consulta con esta mujer mi amigo Ponciano Fuentes y procedió a explayar detenidamente todos sus infortunios. Días después, este ser humano al ver resultados aparentemente favorables a todos sus problemas e inquietudes, corrió la voz de que se había cumplido al pie de la letra todo lo que le había profetizado doña Petrona; pero a este mensaje le puso un agregado de su autoría: “el secreto para que se cumplan nuestros deseos es recitar varias veces Murunda como lo hace ella; yo lo hice y se cumplieron todos mis sueños”.

Aquella versión por supuesto, sin que Ponciano se percatara en lo más mínimo, se instaló en la villa como “reguero de pólvora”, a tal extremo que algunos cuando se saludan en la calle en vez de decir buen día, buenas tardes o buenas noches, levantan el brazo y resumen el saludo con un “Murunda” en señal de buena suerte o buena onda...

Ninguno que yo conozca, tal vez me equivoque, hasta el momento se hizo rico después de visitar a doña Petrona: el que es pobre sigue siendo pobre; como tampoco se produjo algún tipo de milagros en relación a la salud de otros consultantes; salvo alguna que otra relación sentimental que se arregló entre novios, maridos o amantes. El tiempo lo dirá...

Esta buena señora, afectada por el estrés producido por atender a tantas personas, ahora descansa los domingos y lunes y sale a pasear en coche nuevo, el cual es manejado por su marido.

Yo, sigo mi vida de siempre; de lunes a sábados voy y vuelvo de mi trabajo. Pero el domingo, cuando salgo de paseo por el Parque San Martín y veo una chica linda que me gusta y la quiero conquistar, antes de encararla, me acuerdo de Ponciano, me cubro y por si acaso recito bajito: “Murunda... Murunda... Murunda...

Me dicen de que las brujas no existen, pero de que las hay, las hay...
Manolo!!! Es increíble como llegamos a acudir a cualquier artilugio o pócima mágica en pro de poder enamorar a alguien, sin detenernos a pensar, que la verdadera fórmula radica en creer en el amor y enamorar con la mirada...Felicitaciones!!!!
 
Manolo!!! Es increíble como llegamos a acudir a cualquier artilugio o pócima mágica en pro de poder enamorar a alguien, sin detenernos a pensar, que la verdadera fórmula radica en creer en el amor y enamorar con la mirada...Felicitaciones!!!!

Muchísimas gracias, mi estimada Valeria, por tan grato y generoso comentario. Eres siempre muy amable

Te envío un gran abrazo.
 
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Muy bueno y fluido. Xd.
 

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Así es como acostumbra a recibir doña Petrona, la flamante nueva habitante de la villa, a todos sus visitantes, los cuales la mayoría de las veces llegan desesperanzados, decaídos y hasta a veces desesperados, acuciados por sufrir los distintos tipos de vicisitudes que les presenta la vida como la falta de trabajo, problemas de salud, angustias del querer, etc.

Como es de imaginar, no bien se anotician de las “bondades” que esta mujer les puede ofrecer, concurren buscando todo tipo de respuestas o soluciones a sus pesares, sea de la manera que fuere. Se puede remediar la situación con una simple lectura del Tarot o de cartas comunes o se puede ir más allá practicando alguno que otro “trabajo” o “amarre” en casos de problemas sentimentales. La paga es a voluntad del cliente, pero cuando ya son "trabajos grandes” eso sí tiene una tarifa. Cuando la visita es, como generalmente sucede, por “mal de amores”, ella casi siempre los hace volver por segunda vez y le pide que vuelvan trayendo foto, objeto o prenda íntima de la persona a la que se va a “trabajar”.

Como podrán imaginarse, con el pasar de estos meses, ha crecido la concurrencia y popularidad de esta mujer, y de allí, que “la Mamá Petrona”, como la llaman algunos, ahora encabeza el top ten de las personas más importantes de la villa, dejando en segundo y tercer lugar a personalidades como el señor Comisario y el señor Cura, que cuentan con una trayectoria de más de quince y diez años respectivamente.

Su “club de fans” ha ido en aumento ya que no sólo concurren asiduamente las señoras grandes e inquietas, los desempleados, los enfermos o los malheridos de amor, sino que ahora también se le suman señoritas adolescentes y jóvenes apuestos, todos en busca de una respuesta a sus interrogantes de vida...

De tantos y tantos visitantes, días pasados llegó a la consulta con esta mujer mi amigo Ponciano Fuentes y procedió a explayar detenidamente todos sus infortunios. Días después, este ser humano al ver resultados aparentemente favorables a todos sus problemas e inquietudes, corrió la voz de que se había cumplido al pie de la letra todo lo que le había profetizado doña Petrona; pero a este mensaje le puso un agregado de su autoría: “el secreto para que se cumplan nuestros deseos es recitar varias veces Murunda como lo hace ella; yo lo hice y se cumplieron todos mis sueños”.

Aquella versión por supuesto, sin que Ponciano se percatara en lo más mínimo, se instaló en la villa como “reguero de pólvora”, a tal extremo que algunos cuando se saludan en la calle en vez de decir buen día, buenas tardes o buenas noches, levantan el brazo y resumen el saludo con un “Murunda” en señal de buena suerte o buena onda...

Ninguno que yo conozca, tal vez me equivoque, hasta el momento se hizo rico después de visitar a doña Petrona: el que es pobre sigue siendo pobre; como tampoco se produjo algún tipo de milagros en relación a la salud de otros consultantes; salvo alguna que otra relación sentimental que se arregló entre novios, maridos o amantes. El tiempo lo dirá...

Esta buena señora, afectada por el estrés producido por atender a tantas personas, ahora descansa los domingos y el lunes sale a pasear en coche nuevo, el cual es manejado por su marido.

Yo, sigo mi vida de siempre; de lunes a sábados voy y vuelvo de mi trabajo. Pero el domingo, cuando salgo de paseo por el Parque San Martín y veo una chica linda que me gusta y la quiero conquistar, antes de encararla, me acuerdo de Ponciano, me cubro y por si acaso recito bajito: “Murunda... Murunda... Murunda...

Me dicen de que las brujas no existen, pero de que las hay, las hay...
Muy interesante y con cierto regusto a García Márquez.
Saludos
 
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