DonQuevedo
Poeta recién llegado
Murmullos.
La pena surge del instante,
del tiempo frágil, del final,
del miedo atroz e incesante
de lo que nunca vuelve igual.
Nos duele el ser que se disuelve,
el rostro amado que se va,
pues sin aquellos que nos salven,
la dicha plena no será.
La muerte acecha, sombra fría,
su laberinto es un quizás,
pues nada en ella nos envía
consuelo cierto y más allá.
Mas la tristeza nos despierta
del sueño torpe y sin razón,
nos deja el alma descubierta,
nos lanza a dura reflexión.
No es solo pena ni condena,
es luz que urge a distinguir
qué es vana sombra y qué es la estrella
que aún nos queda por seguir.
Y así, en lo breve de la vida,
sabemos qué nos hace mal:
solo lo eterno nos sentencia,
y no el murmullo terrenal.
La pena surge del instante,
del tiempo frágil, del final,
del miedo atroz e incesante
de lo que nunca vuelve igual.
Nos duele el ser que se disuelve,
el rostro amado que se va,
pues sin aquellos que nos salven,
la dicha plena no será.
La muerte acecha, sombra fría,
su laberinto es un quizás,
pues nada en ella nos envía
consuelo cierto y más allá.
Mas la tristeza nos despierta
del sueño torpe y sin razón,
nos deja el alma descubierta,
nos lanza a dura reflexión.
No es solo pena ni condena,
es luz que urge a distinguir
qué es vana sombra y qué es la estrella
que aún nos queda por seguir.
Y así, en lo breve de la vida,
sabemos qué nos hace mal:
solo lo eterno nos sentencia,
y no el murmullo terrenal.