JBR
Poeta que considera el portal su segunda casa
Murmullos de la Desesperanza.
Hoy, he caminado por las calles de mi ciudad, con mi Libreta y una pluma barata, y dentro de mis pensamientos miles de palabras que quiero convertir en poesía, la gente me mira y al pasar junto a ellos, puedo escuchar sus murmullos, me llaman loco, porque quizás pueden ver en mi al solitario ausente de la vida, al solitario ausente de este mundo. Pero no, no es así, tan solo camino entre los escombros y destrozos que la vida misma ha hecho en ellos, y son los destrozos de la tristeza, la melancolía y la soledad y en donde tan solo puedo ver un pequeño pedazo de felicidad reflejada en su rostro.
Los surcos negros en su mirada apagada, tan solo reflejan lo que un día vivieron, lo que un día en sus vidas hicieron llenar su alma de gozo y que ahora como olas agitadas de un mar sin calma sienten que azotan su corazón inmerso en la desesperanza. Y ahora yo al verlos, soy el que me pregunto, quien es mas loco, el que camina con su pluma y su libreta bajo el brazo escribiendo poesía para el alivio de su alma, o el que tan solo mira hacia el horizonte perdido y sin esperanza.
Yo escribo para que mi alma no siente temor alguno, ante los mismos embates de esta vida traicionera que día a día causa heridas sangrantes que nos van marcando por toda la eternidad y dejando huellas imborrables llenas de soledad, para que el canto de las aves sean para mis oídos tan solo eso, cantos bellos, y que no causen la somnolencia de un sueño apagado que nunca se ha dormido.
Por eso camino así, tal vez perdido entre el tumulto de letras que vivirán en el tiempo olvidadas en algún rincón de un cuarto, o tal vez tan solo serán papeles arrugados sin ser vistos en un bote de basura, esa misma basura implacable al que llamamos tiempo y que nunca se detendrá.
Hoy, he caminado por las calles de mi ciudad, con mi Libreta y una pluma barata, y dentro de mis pensamientos miles de palabras que quiero convertir en poesía, la gente me mira y al pasar junto a ellos, puedo escuchar sus murmullos, me llaman loco, porque quizás pueden ver en mi al solitario ausente de la vida, al solitario ausente de este mundo. Pero no, no es así, tan solo camino entre los escombros y destrozos que la vida misma ha hecho en ellos, y son los destrozos de la tristeza, la melancolía y la soledad y en donde tan solo puedo ver un pequeño pedazo de felicidad reflejada en su rostro.
Los surcos negros en su mirada apagada, tan solo reflejan lo que un día vivieron, lo que un día en sus vidas hicieron llenar su alma de gozo y que ahora como olas agitadas de un mar sin calma sienten que azotan su corazón inmerso en la desesperanza. Y ahora yo al verlos, soy el que me pregunto, quien es mas loco, el que camina con su pluma y su libreta bajo el brazo escribiendo poesía para el alivio de su alma, o el que tan solo mira hacia el horizonte perdido y sin esperanza.
Yo escribo para que mi alma no siente temor alguno, ante los mismos embates de esta vida traicionera que día a día causa heridas sangrantes que nos van marcando por toda la eternidad y dejando huellas imborrables llenas de soledad, para que el canto de las aves sean para mis oídos tan solo eso, cantos bellos, y que no causen la somnolencia de un sueño apagado que nunca se ha dormido.
Por eso camino así, tal vez perdido entre el tumulto de letras que vivirán en el tiempo olvidadas en algún rincón de un cuarto, o tal vez tan solo serán papeles arrugados sin ser vistos en un bote de basura, esa misma basura implacable al que llamamos tiempo y que nunca se detendrá.