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Murió la flor

Asklepios

Incinerando envidias
Murió la flor por esa vaga ansiedad que,

siempre llevo dentro de mí, y que jamás

da la mínima oportunidad a que, el

mirar de mis ojos, roce su aroma; y que

tampoco, el temblor de mis manos

visite su diluido perfume para así,

poderlo definir.

Decir que, ni la flor, ni yo mismo,

podemos negar que, al caminar juntos,

entre el caluroso tedio de las tardes

veraniegas, respiramos miles de mágicos

conjuros que dejamos pasar, no siendo que,

en algún momento, nos veamos

perseguidos y atrapados por ese

sueño y ese cansancio, de los que nunca

podamos escapar.
 
Murió la flor por esa vaga ansiedad que,

siempre llevo dentro de mí, y que jamás

da la mínima oportunidad a que, el

mirar de mis ojos, roce su aroma; y que

tampoco, el temblor de mis manos

visite su diluido perfume para así,

poderlo definir.

Decir que, ni la flor, ni yo mismo,

podemos negar que, al caminar juntos,

entre el caluroso tedio de las tardes

veraniegas, respiramos miles de mágicos

conjuros que dejamos pasar, no siendo que,

en algún momento, nos veamos

perseguidos y atrapados por ese

sueño y ese cansancio, de los que nunca

podamos escapar.
A veces perdemos las oportunidades debido a la ansiedad.

Saludos
 
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