Oh, cuánto anhelo despertar
y respirar el aliento fresco del alba,
sentir el perfume tímido de las flores nuevas,
correr entre la hierba húmeda
con los pies desnudos de miedo,
reír hasta que el viento me recoja la risa
y la lleve lejos, donde tú no estás.
Pero mi alma yace hecha trizas.
Desde aquella noche en que te fuiste,
sin un adiós, sin una mirada,
todo dejó de tener color.
Ya no hay frío ni calor,
la lluvia no toca mi piel,
las flores no susurran su ternura,
los pájaros no entonan su canto.
Solo soy un cuerpo que respira,
una sombra que sobrevive al día.
Y aún así,
sé que mi tristeza no bastará
para que extrañes mi corazón,
ese que te entregué entero
y devolviste en ruinas.
Me pregunto cuánta infelicidad
debo guardar entre los huesos
para que tú puedas ser feliz.
Vienes y te vas,
como el viento que no pide perdón,
y cada vez que lo haces
me dejas más rota,
como una muñeca de porcelana
que se estrella contra el suelo
por el descuido de alguien
que nunca aprendió a cuidar lo frágil.
-Dior
y respirar el aliento fresco del alba,
sentir el perfume tímido de las flores nuevas,
correr entre la hierba húmeda
con los pies desnudos de miedo,
reír hasta que el viento me recoja la risa
y la lleve lejos, donde tú no estás.
Pero mi alma yace hecha trizas.
Desde aquella noche en que te fuiste,
sin un adiós, sin una mirada,
todo dejó de tener color.
Ya no hay frío ni calor,
la lluvia no toca mi piel,
las flores no susurran su ternura,
los pájaros no entonan su canto.
Solo soy un cuerpo que respira,
una sombra que sobrevive al día.
Y aún así,
sé que mi tristeza no bastará
para que extrañes mi corazón,
ese que te entregué entero
y devolviste en ruinas.
Me pregunto cuánta infelicidad
debo guardar entre los huesos
para que tú puedas ser feliz.
Vienes y te vas,
como el viento que no pide perdón,
y cada vez que lo haces
me dejas más rota,
como una muñeca de porcelana
que se estrella contra el suelo
por el descuido de alguien
que nunca aprendió a cuidar lo frágil.
-Dior