DEJAVU
Poeta adicto al portal
Nacido un 24 de Abril de 1954 como Wesley Cook, Mumia Abu-Jamal se encontraba conduciendo su taxi en la ciudad de Philadelphia a sus 27 años de edad la madrugada del 9 de Diciembre de 1981. En ese entonces las cercanías de la 13 y la Locust eran un punto estratégico para buscar viajes por la gran cantidad de peatones atraídos por los clubes en la zona.
Se encontraba escribiendo en su bitácora los detalles de su último servicio
cuando una luz fuerte le abarcó el perímetro de sus retrovisores. Era normal
en ese área las inspecciones rutinarias por la policía. Sin embargo, ese día
Mumia había llegado al lugar menos indicado en el peor momento; un honesto
patrullero había sido asesinado por unos individuos y un par de horas
después de ser cegado por la misma luz de la justicia; yacía en una cama de
hospital con un disparo en el pecho.
Dos meses después de haber estado trabajando honestamente; Mumia aún se recuperaba de sus heridas y se le había acusado del asesinato del oficial. El estado de Pennsylvania le asignó un defensor público y le fue otorgado un monto de $150 para gastos de defensa. Sus creencias políticas y el haber sido miembro de las Panteras Negras no le hacían brillar en el banquillo. El haber ejercitado su libertad de expresión, de agruparse, protestar y el color de su piel parecían esta vez convertirse en el arma mas filosa para una sociedad transformada en un verdugo sediento de la sangre de alguien que pagara por el crimen.
El juicio de Mumia ha sido desacreditado mundialmente y la evidencia en su contra hasta ridiculizada, cabe mencionar que el arma para defensa personal y debidamente registrada a su nombre era de calibre .38, mientras la bala que le quitó la vida al servidor público era de calibre .44, entre muchas otras inconsistencias.
En Julio de 1982, sus cristalizados e incrédulos ojos miraron como un desconocido le informaba a él y al resto de los presentes en la sala que su vida sería interrumpida por haber sido encontrado culpable.
Han pasado ya casi 25 años desde el desafortunado evento y Mumia aún vive; un juez federal revocó su pena de muerte y la cambio por cadena perpetua en el año 2001 después de haber sido aplazada varias veces por apelaciones; sin embargo un nuevo juicio fue negado.
Hoy día, este taxista inocente es un periodista galardonado, vocero y autor de varios libros. La calle que dirige a un estadio en Paris, Francia, lleva su nombre. Dicen que la esposa del ex-presidente de Francia Miterrand y Nelson Mandela defienden su inocencia, ademas de la Cámara de abogados de los Estados Unidos y ciudades enteras como Santa Cruz, California y Detroit, Michigan.
Hoy día, este taxista inocente cuyas creencias políticas no son compartidas por muchos de nosotros, mira como la oportunidad de una familia, un álbum de fotos, un año nuevo con sus amigos del barrio; son cosas que cada vez más se desvanecen de su mundo.
Escribo este relato sin defender o compartir la ideología del mencionado
ni sus principios.
Escribo este relato como protesta ante el racismo, contra la falta de escrúpulos
y la decadencia de la sociedad, que ha juzgado inocentes y ha buscado presas en
la conveniencia de las estadísticas y la manipulación de información. La falta de
inteligencia para percibir que somos todos iguales, dentro o fuera de cualquier
círculo social, país y bajo cualquier color de bandera o de piel.
Como ser humano, inocente y presa de un engaño legal, yo grito por su libertad.
Se encontraba escribiendo en su bitácora los detalles de su último servicio
cuando una luz fuerte le abarcó el perímetro de sus retrovisores. Era normal
en ese área las inspecciones rutinarias por la policía. Sin embargo, ese día
Mumia había llegado al lugar menos indicado en el peor momento; un honesto
patrullero había sido asesinado por unos individuos y un par de horas
después de ser cegado por la misma luz de la justicia; yacía en una cama de
hospital con un disparo en el pecho.
Dos meses después de haber estado trabajando honestamente; Mumia aún se recuperaba de sus heridas y se le había acusado del asesinato del oficial. El estado de Pennsylvania le asignó un defensor público y le fue otorgado un monto de $150 para gastos de defensa. Sus creencias políticas y el haber sido miembro de las Panteras Negras no le hacían brillar en el banquillo. El haber ejercitado su libertad de expresión, de agruparse, protestar y el color de su piel parecían esta vez convertirse en el arma mas filosa para una sociedad transformada en un verdugo sediento de la sangre de alguien que pagara por el crimen.
El juicio de Mumia ha sido desacreditado mundialmente y la evidencia en su contra hasta ridiculizada, cabe mencionar que el arma para defensa personal y debidamente registrada a su nombre era de calibre .38, mientras la bala que le quitó la vida al servidor público era de calibre .44, entre muchas otras inconsistencias.
En Julio de 1982, sus cristalizados e incrédulos ojos miraron como un desconocido le informaba a él y al resto de los presentes en la sala que su vida sería interrumpida por haber sido encontrado culpable.
Han pasado ya casi 25 años desde el desafortunado evento y Mumia aún vive; un juez federal revocó su pena de muerte y la cambio por cadena perpetua en el año 2001 después de haber sido aplazada varias veces por apelaciones; sin embargo un nuevo juicio fue negado.
Hoy día, este taxista inocente es un periodista galardonado, vocero y autor de varios libros. La calle que dirige a un estadio en Paris, Francia, lleva su nombre. Dicen que la esposa del ex-presidente de Francia Miterrand y Nelson Mandela defienden su inocencia, ademas de la Cámara de abogados de los Estados Unidos y ciudades enteras como Santa Cruz, California y Detroit, Michigan.
Hoy día, este taxista inocente cuyas creencias políticas no son compartidas por muchos de nosotros, mira como la oportunidad de una familia, un álbum de fotos, un año nuevo con sus amigos del barrio; son cosas que cada vez más se desvanecen de su mundo.
Escribo este relato sin defender o compartir la ideología del mencionado
ni sus principios.
Escribo este relato como protesta ante el racismo, contra la falta de escrúpulos
y la decadencia de la sociedad, que ha juzgado inocentes y ha buscado presas en
la conveniencia de las estadísticas y la manipulación de información. La falta de
inteligencia para percibir que somos todos iguales, dentro o fuera de cualquier
círculo social, país y bajo cualquier color de bandera o de piel.
Como ser humano, inocente y presa de un engaño legal, yo grito por su libertad.
