Ibrahim Sadhid
Poeta recién nacido
La luz oscura de una vela gravita en la sala.
La noche callada grita tu nombre,
tu imagen congelada se diluye en mi memoria,
Aferrado al recuerdo que vuela por la ventana.
Soy un hombre tejido de alambres con el alma oxidada.
Con visión de martillo destruyo cada retrato.
No quiero vivir de imágenes amarillas.
Tengo sueño.
Me levanto del sofá y atravieso las paredes.
Atrás queda el silencio desesperado de la casa.
Arropado con la oscura sombra camino por el bosque…
El suelo cruje a cada paso,
el tiempo pasa sigiloso entre las montañas,
el agua rebota como resortes contra las rocas,
un concierto de sonidos me acompañan: insectos misteriosos, grillos...
Aves raras.
De pronto soy asaltado:
un bicho extraño me estrangula,
desesperado lucho con una rama.
Es una mujer de piernas largas,
con rostro de Mula del Diablo,
cuatro tetas y vulva pequeña.
Insecto de palo, insecto de hojas secas.
Violentamente clava su lengua en mi garganta,
eriza mi piel, me aterroriza, me espanta.
Arranca mi savia con su sexo sentido,
Demonio perturbador de claros oscuros alaridos.
Grito mil veces ahogando el miedo entre los dientes,
tiemblo y bruscamente caigo de la cama.
Una nueva pesadilla…
Violado por una mujer con cuerpo de insecto Phasmida.