Xuacu
Poeta que considera el portal su segunda casa
MUERTE EN UN SOFÁ DE TRES PLAZAS.
Impasible rostro, entre rosado y blanco, rictus de muerte
de un cuerpo sentado, en un sofá de tres plazas,
huecos vacíos, con impávidos cojines, que almohadillan el tiempo,
retuerce la inexistencia las paredes de un cuarto ya oscuro,
no marca sombras el techo, se abre el suelo y regurgita,
animas muertas que visitan y calladas y observantes,
miran sin ver al ausente sentado, llevan el manto que apaga,
el aura de los humanos ya las luces no cubren siluetas.
Los grises no son claros y los negros son más negros, opacos,
colores que no observan retinas, difuminan la existencia,
la paleta del arco iris, que convaleciente se rinde,
deja caer sus colores y son absorbidos por el caldero,
hierven sentimientos y sobresalen manos que buscan,
otras manos, que a su vez buscan los brazos que perdieron el cuerpo,
se queda la estancia sola, se derrite el sofá de tres plazas en un agujero negro,
los planetas ya no existen, a las cabezas no las cubre el cielo.
Su Dios en lo alto no hace nada, ya no hay habitación que alberge ángeles,
los demonios juegan a cartas y se reparten los beneficios del cadáver,
repoker de ases vence a doble pareja, el demonio se lleva su premio,
le quita el alma y la devora en un rincón de la cocina del infierno,
hay risas alocadas de calaveras agrupadas en orden alfabético,
en estantes de librerías absurdas donde nadie consulta nada,
ni hay bibliotecario que te ayude, ni voluntarios que te sirvan
libros de calaveras en bandeja de plata, ya están muertas también las bibliotecas.
Se cierran las puertas y arriba se queda una habitación sola,
ya no existe el sofá ni el sentado, las lámparas son manchas de humo,
que no reflejan la luz en unas paredes descoloridas ni se juzga lo de arriba
ni se alaba lo de abajo, se abre tajo que forman trincheras,
con sacos terrenos llenos de pechos, se protege la frontera
de los que habitan en el purgatorio, quieren entrar y salir,
perdieron la escalera de caracol que conduce a los cielos,
se quedaron en medio y buscan sofás que les brinde un pasaje al infierno.
Impasible rostro, entre rosado y blanco, rictus de muerte
de un cuerpo sentado, en un sofá de tres plazas,
huecos vacíos, con impávidos cojines, que almohadillan el tiempo,
retuerce la inexistencia las paredes de un cuarto ya oscuro,
no marca sombras el techo, se abre el suelo y regurgita,
animas muertas que visitan y calladas y observantes,
miran sin ver al ausente sentado, llevan el manto que apaga,
el aura de los humanos ya las luces no cubren siluetas.
Los grises no son claros y los negros son más negros, opacos,
colores que no observan retinas, difuminan la existencia,
la paleta del arco iris, que convaleciente se rinde,
deja caer sus colores y son absorbidos por el caldero,
hierven sentimientos y sobresalen manos que buscan,
otras manos, que a su vez buscan los brazos que perdieron el cuerpo,
se queda la estancia sola, se derrite el sofá de tres plazas en un agujero negro,
los planetas ya no existen, a las cabezas no las cubre el cielo.
Su Dios en lo alto no hace nada, ya no hay habitación que alberge ángeles,
los demonios juegan a cartas y se reparten los beneficios del cadáver,
repoker de ases vence a doble pareja, el demonio se lleva su premio,
le quita el alma y la devora en un rincón de la cocina del infierno,
hay risas alocadas de calaveras agrupadas en orden alfabético,
en estantes de librerías absurdas donde nadie consulta nada,
ni hay bibliotecario que te ayude, ni voluntarios que te sirvan
libros de calaveras en bandeja de plata, ya están muertas también las bibliotecas.
Se cierran las puertas y arriba se queda una habitación sola,
ya no existe el sofá ni el sentado, las lámparas son manchas de humo,
que no reflejan la luz en unas paredes descoloridas ni se juzga lo de arriba
ni se alaba lo de abajo, se abre tajo que forman trincheras,
con sacos terrenos llenos de pechos, se protege la frontera
de los que habitan en el purgatorio, quieren entrar y salir,
perdieron la escalera de caracol que conduce a los cielos,
se quedaron en medio y buscan sofás que les brinde un pasaje al infierno.