MUERTE CALLADA
Ilust.: Francis Bacon. Tríptico
La matutina ceremonia de la reconciliación,
esa de la mirada al espejo que me mira,
no por cotidiana es menos punitiva:
la derrota de mi imagen es un callado clamor.
Los aceros silenciosos de los días en inexorable labor,
como arados implacables arrancan trozos de vida,
de esa vida que, día a día, nace de mi alma altiva,
quizá porque al espejo no puede mirarse el corazón.
Esa labor iconoclasta del mirarme en mi dura decadencia,
decadencia de mi cuerpo, obscena dejación de la belleza,
acompaña con cínico silencio la inane muerte de mi inocencia.
Ya sólo carne ocupa mis contornos, carne e impureza,
y el ángel oscuro que me anima enciende con insolente indecencia
la llama negra que funde mi ansia incontenible de tristeza.
esa de la mirada al espejo que me mira,
no por cotidiana es menos punitiva:
la derrota de mi imagen es un callado clamor.
Los aceros silenciosos de los días en inexorable labor,
como arados implacables arrancan trozos de vida,
de esa vida que, día a día, nace de mi alma altiva,
quizá porque al espejo no puede mirarse el corazón.
Esa labor iconoclasta del mirarme en mi dura decadencia,
decadencia de mi cuerpo, obscena dejación de la belleza,
acompaña con cínico silencio la inane muerte de mi inocencia.
Ya sólo carne ocupa mis contornos, carne e impureza,
y el ángel oscuro que me anima enciende con insolente indecencia
la llama negra que funde mi ansia incontenible de tristeza.
Ilust.: Francis Bacon. Tríptico