Black Princess
Poeta fiel al portal
Voy caminando por las calles de esta oscura ciudad, hay por todos lados retazos de maldad.
Duerme un niño indefenso, nadie le ha de cuidar, solo, abandonado, muere otra vez al despertar.
Vaga un anciano por las marchitas calles, marchitas, agonizantes, como las marcas de años en su rostro ya distantes.
Paso la vista, los ojos me pesan, de una oscura esquina a otra, veo cosas que no debería haber, ¿es que puede pasar peor cosa?
Una pobre niña muere cada noche entre los brazos de un extraño, muere su razón, mueren sus sueños.
¿Quién más le puede arrancar su intimidad, de un golpe, entre la oscuridad, cada ocaso, por un trozo de pan?
¿Quién más le ha de manchar su dulce rostro, con labios negros, amargando los suyos, detrás de un sollozo?
Amargas visiones que captan mis ojos, intentan algo comunicar, a través de mis labios silenciosos.
Qué más quisiera yo que gritar, mi garganta vuelve a desgarrar, de nada sirve, ellos no quieren escuchar.
Mucho menos mirar.
Por eso yo he de lamentar, deseo llorar, pero mejor es ponernos a actuar.
Si no hacemos nada nosotros, ellos ni un dedo moverán, para salvar del desastre, almas que están bajo su cuidado.
Esta noche aquél niño agonizará, su cuerpo inerte, por el frío caerá.
Aquél hombre sin destino vagará, buscando aquí y allá, algo para poderse alimentar.
Esa pobre niña, entre los brazos fríos de un hombre sufrirá, brazos sucios, brazos crueles, toda su esencia le robará, sin un poco de intimidad, sin espacio para respirar, la pobre niña, de nuevo morirá.
Duerme un niño indefenso, nadie le ha de cuidar, solo, abandonado, muere otra vez al despertar.
Vaga un anciano por las marchitas calles, marchitas, agonizantes, como las marcas de años en su rostro ya distantes.
Paso la vista, los ojos me pesan, de una oscura esquina a otra, veo cosas que no debería haber, ¿es que puede pasar peor cosa?
Una pobre niña muere cada noche entre los brazos de un extraño, muere su razón, mueren sus sueños.
¿Quién más le puede arrancar su intimidad, de un golpe, entre la oscuridad, cada ocaso, por un trozo de pan?
¿Quién más le ha de manchar su dulce rostro, con labios negros, amargando los suyos, detrás de un sollozo?
Amargas visiones que captan mis ojos, intentan algo comunicar, a través de mis labios silenciosos.
Qué más quisiera yo que gritar, mi garganta vuelve a desgarrar, de nada sirve, ellos no quieren escuchar.
Mucho menos mirar.
Por eso yo he de lamentar, deseo llorar, pero mejor es ponernos a actuar.
Si no hacemos nada nosotros, ellos ni un dedo moverán, para salvar del desastre, almas que están bajo su cuidado.
Esta noche aquél niño agonizará, su cuerpo inerte, por el frío caerá.
Aquél hombre sin destino vagará, buscando aquí y allá, algo para poderse alimentar.
Esa pobre niña, entre los brazos fríos de un hombre sufrirá, brazos sucios, brazos crueles, toda su esencia le robará, sin un poco de intimidad, sin espacio para respirar, la pobre niña, de nuevo morirá.