alexander akerman
Poeta recién llegado
Morir cansado
Anochece otra vez en las empinadas montañas de mi vida,
las estrellas de mar iluminan mi cielo noctambulo,
y mi realidad se moja de media noche, de noche de luna,
de frió siniestro envuelto en soledades de estrellas.
Hoy he decidido volver a lugar que nos vio morir, que nos vio nacer;
hoy he decidido buscar el no que me hizo ver el sí de tu partida,
la noche fría que me envuelve, el triste lobo que hoy te aúlla,
la melodía que no se escucha.
Morir cansado en las suaves líneas de este lamento,
morir cansado entre las estrellas ficticias de mi firmamento,
morir cansado de llorar ríos de lágrimas, ríos de impaciencia,
ríos de amor, por lo que se fue y no volverá jamás,
jamás que se convirtió en estar aún más solo,
más solo que la misma soledad.
Anochece otra vez en las empinadas montañas de mi vida,
las estrellas de mar iluminan mi cielo noctambulo,
y mi realidad se moja de media noche, de noche de luna,
de frió siniestro envuelto en soledades de estrellas.
Hoy he decidido volver a lugar que nos vio morir, que nos vio nacer;
hoy he decidido buscar el no que me hizo ver el sí de tu partida,
la noche fría que me envuelve, el triste lobo que hoy te aúlla,
la melodía que no se escucha.
Morir cansado en las suaves líneas de este lamento,
morir cansado entre las estrellas ficticias de mi firmamento,
morir cansado de llorar ríos de lágrimas, ríos de impaciencia,
ríos de amor, por lo que se fue y no volverá jamás,
jamás que se convirtió en estar aún más solo,
más solo que la misma soledad.