Alejandro Figueroa
Poeta recién llegado
I
Canto verde de las ninfas
silbido de la boca oscura de humedad
hogar de insectos y aves de niebla,
el rocío complice descansa en tus brazos
temprano tu piel de granito
se cubre de barbas.
II
Con un pie enraizado
entre arbustos y lirios vestidos de purpura,
tus hojas se incrustan de luna
tus hojas con risa de sol.
un árbol de miel protege nuestros juegos
y mi sueño a tu sombra.
III
Árbol de arterias profundas
cuidas la idea fija de encerrar mi mente
entre ramas de lluvia y nidos,
encendido en letras
bañado en tu calma de briza.
manifiesto verde del tropiezo del hombre.
IV
Hojas quedan del árbol que
calcino la noche de fuego,
montaña de hojas sopladas sin fin.
huellas de arrendajo cicatrizan en tu piel
obrero del aire con plumas de ceniza.
V
Y en la inmensidad de piedras sobre la cabeza
el árbol de cera prendió tres veces
esperando una tibia palabra del filo mudo
y de las manos tacañas frías
de ambición y sombra.
Canto verde de las ninfas
silbido de la boca oscura de humedad
hogar de insectos y aves de niebla,
el rocío complice descansa en tus brazos
temprano tu piel de granito
se cubre de barbas.
II
Con un pie enraizado
entre arbustos y lirios vestidos de purpura,
tus hojas se incrustan de luna
tus hojas con risa de sol.
un árbol de miel protege nuestros juegos
y mi sueño a tu sombra.
III
Árbol de arterias profundas
cuidas la idea fija de encerrar mi mente
entre ramas de lluvia y nidos,
encendido en letras
bañado en tu calma de briza.
manifiesto verde del tropiezo del hombre.
IV
Hojas quedan del árbol que
calcino la noche de fuego,
montaña de hojas sopladas sin fin.
huellas de arrendajo cicatrizan en tu piel
obrero del aire con plumas de ceniza.
V
Y en la inmensidad de piedras sobre la cabeza
el árbol de cera prendió tres veces
esperando una tibia palabra del filo mudo
y de las manos tacañas frías
de ambición y sombra.
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