Somos monstruos, es hora de admitirlo.
Creamos las mayores mentiras
que han podido darse a luz.
Alabamos al viento por oxidar nuestros riñones.
y maltratar las pupilas de una inocencia
borrada a golpes de pensamiento radical.
Dibujamos palos amarrados con gotas de sangre,
hierro, y lágrimas de azufre podrido por los sueños.
Los sabios crean enfermedades que
ni sus carcomidas neuronas pueden sanar.
Creemos salvar vidas, cuando fuimos
los lobos que trataron de arrollar sus pulmones.
Siempre, siempre buscamos aves en
una jaula de agua, y volar
por los rincones más insospechados
de lo común. Y alzamos la codicia
sobre los corazones honrados.
Votamos con semen mental
al ladrón que nos viole mientras
dormimos en papeles de vómitos.
Pensamos que la nada tiene
aforo ilimitado, y enviamos
cartas dobladas a la nada.
Borramos la cultura de
nuestro diccionario bilingüe,
definiendo con una raya
de mierda derretida las palabras
pronunciadas por la lira.
Somos la capa humana
de una monstruosa trampa de latidos.
Nos cansamos de pensar que
algún día pensaremos, y moriremos
por ese acto tan vil y punzante.
Escogemos una taza de orina
para ducharnos en medio de la nieve.
No nos vemos reflejados en
la sombra de una violeta en penumbra.
Miramos perplejos al umbral
infinito en el tiempo, e intentamos
cerrar el portón del capricho.
Cazamos aves para adornarnos
con sus vivos colores, y creernos
perfecto por la matanza envidiosa.
Soñamos que follamos duramente,
con látigo de rosas y corona de algodón,
con nuestros rechonchos egos.
Monstruos nos criaron, y
como monstruos moriremos.
Escavamos escondites en el hormigón
reforzado por nuestro sueños más locos.
Compramos luz a un lúcido vagabundo
sedentario, para luego cegar
sus magulladas lágrimas de fin.
Cerramos las persianas de carne
para creer que la oscuridad
escribe poemas en nuestra sílaba.
Somos unos soñadores macarras,
no unos intelectuales de espesas frentes.
Somos unos incultos desnudos,
no unos sabios casposos.
Somos unos monstruos de pelo hueco,
y es hora de asumirlo con dientes.