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Mónica y la abuela Thelma

Cuando era chica, yo tendría unos nueve o diez años, un día que íbamos a tomar algo en una cafetería, ocasión especial porque con mi viejo nunca íbamos a lugares así, sucedió lo siguiente. Hacía años que mis papá se habían separado, mi viejo conoció (o más bien, se reencontró) a su mujer y mi mamá ya tenía su pareja. Ese año mi viejo todavía vivía en Buenos Aires, y ese mismo día en la cafetería (creo que se llamaba Tío Due o algo así), él en compañía de su señora (mi madrastra, en paz descanse) nos contaron a mí y a mi hermana acerca de que se iban a mudar juntos a Chaco. Y yo lo primero que pensé fue en cómo iban a viajar, cómo sería su viaje de horas en auto con mi abuela en el asiento de atrás, cómo estaría de cómoda ella doce horas en un vehículo cerrado, sentada, yo sabiendo que siempre sufría de sus pies y rodillas, además de que ella estaba muy delicada de su salud en general. Entonces empecé a pensar en mi abuela y pregunté que cómo estaba, creo, y mi viejo tomó mis manos por encima de la mesa, suspiró y comenzó a decir “todos creemos en la virgen María…” ahí mismo lo interrumpí y dije “¿está…?” (muerta) Y no recuerdo mucho a partir de ahí cuál fue mi reacción, aaah ya me acordé, me dieron ganas de llorar, me sentía mal, Mónica (mi madrastra) me dijo que si me sentía mal y me quería ir, yo nunca pensé que podía hacer algo así en medio de una salida y le dije que sí. Nos llevaron de vuelta a casa, donde vivíamos con mamá; ahí llegué y lloré, lloré, lloré... Me decía a mí misma “nunca más voy a poder abrazarla de nuevo”. No me acuerdo mucho de mi hermana en ese momento, cómo estaba ella con todo eso. En la cafetería mi viejo me dijo que mi abuela estaba en el cielo, y que algún día todos nos íbamos a reunir allá y hacer una pillamada en el cielo. Lo peor es que cuando en la cafetería mi viejo me habló de irse a vivir a Chaco, yo los imaginaba a los tres en un auto; alegres, cantando canciones en el viaje, tomando mucha agua; mi abuela, Mónica y papá. Ahora ya tengo veintidós años y recuerdo a las dos con mucho cariño y ternura. Hoy en día hay dos personas en ese auto, cantando, y mi viejo sigue en Chaco.
 
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