Asklepios
Incinerando envidias
Mis ojos nunca quisieron escuchar esto:
Al espacio fijándose en los mapas resbalando
sobre las orillas de los mares; a las montañas
más altas y a los valles más profundos, perdiendo
toda su autoridad; y a los márgenes de los grandes
ríos convirtiéndose en apenas arroyos, en insignificantes
cicatrices, -extrañas líneas irregulares-, con el fin de
dividir territorios…
En un principio, las brisas y el aire no tuvieron
lugar en aquellos mapas. Fue un gran descuido,
corregido, afortunadamente, poco después.
Con el paso del tiempo, los ojos aprendieron a
escuchar. Fue así como aprendieron a destilar
su mirar, eliminando de sí todo resto
de soberbia…
… Y las cosas, entonces, mejoraron…
Al espacio fijándose en los mapas resbalando
sobre las orillas de los mares; a las montañas
más altas y a los valles más profundos, perdiendo
toda su autoridad; y a los márgenes de los grandes
ríos convirtiéndose en apenas arroyos, en insignificantes
cicatrices, -extrañas líneas irregulares-, con el fin de
dividir territorios…
En un principio, las brisas y el aire no tuvieron
lugar en aquellos mapas. Fue un gran descuido,
corregido, afortunadamente, poco después.
Con el paso del tiempo, los ojos aprendieron a
escuchar. Fue así como aprendieron a destilar
su mirar, eliminando de sí todo resto
de soberbia…
… Y las cosas, entonces, mejoraron…