AUGUSTO SILVA ACEVEDO
Poeta veterano en MP
MIS DEDOS ENTRE TUS PIES
Deshilando minutos, voy por la tarde quebrada,
me acerco a la melancolía y espero tu voz,
con un suspiro, que huele a verano y flores.
Dulce hipocondría: Padezco de un mal,
que no curan los serafines ni el cielo.
Pero es bello; me hace parir versos dulces
y estrellas, que descubren satélites artificiales.
Todo lo que me has dado cabe en mis dedos,
como en la telaraña de un arácnido menor,
pero todo me acerca a ti, como si fuera yo:
la misma espera y el ensueño que inició
en tus labios de sirena y bruja a la vez
¡Ya sé que no! Pero me asombra como,
mi loco corazón, se ha convertido en ese
violonchelo que espera y desespera solo,
como un niño, aguardándo en la escuela.
Y es gracioso, porque los dos, sabemos
que nadie puede deshilachar un segundo
del reloj, ni el día completo, pero así como ves,
así, somos los poetas y los contagiados del alma.
Ya sé que sonreirás en este verso transitado,
y quizás, quieras sentir mis dedos en tus pies,
como yo igual quiero peregrinar en tu cuerpo,
como un lirio que no cree en el exorcismo
de los relojes húmedecidos de trementina,
ni en el tiempo ni en la ilusión de la montaña,
ni en las caracolas, ni en las palmeras preñadas de ilusiones.
No seas reloj, amor mío, no permita que siga yo,
tejiéndo en el tiempo, quimeras y cantos
de tritones que lloran olas en la mar contaminada.
Quizás yo mismo sea un segundo de tu preciosa vida,
y es lo único preciso desde ayer, para vivir en el amor.
Augus 07 enero 2010.
Deshilando minutos, voy por la tarde quebrada,
me acerco a la melancolía y espero tu voz,
con un suspiro, que huele a verano y flores.
Dulce hipocondría: Padezco de un mal,
que no curan los serafines ni el cielo.
Pero es bello; me hace parir versos dulces
y estrellas, que descubren satélites artificiales.
Todo lo que me has dado cabe en mis dedos,
como en la telaraña de un arácnido menor,
pero todo me acerca a ti, como si fuera yo:
la misma espera y el ensueño que inició
en tus labios de sirena y bruja a la vez
¡Ya sé que no! Pero me asombra como,
mi loco corazón, se ha convertido en ese
violonchelo que espera y desespera solo,
como un niño, aguardándo en la escuela.
Y es gracioso, porque los dos, sabemos
que nadie puede deshilachar un segundo
del reloj, ni el día completo, pero así como ves,
así, somos los poetas y los contagiados del alma.
Ya sé que sonreirás en este verso transitado,
y quizás, quieras sentir mis dedos en tus pies,
como yo igual quiero peregrinar en tu cuerpo,
como un lirio que no cree en el exorcismo
de los relojes húmedecidos de trementina,
ni en el tiempo ni en la ilusión de la montaña,
ni en las caracolas, ni en las palmeras preñadas de ilusiones.
No seas reloj, amor mío, no permita que siga yo,
tejiéndo en el tiempo, quimeras y cantos
de tritones que lloran olas en la mar contaminada.
Quizás yo mismo sea un segundo de tu preciosa vida,
y es lo único preciso desde ayer, para vivir en el amor.
Augus 07 enero 2010.