restosnemicos
Poeta recién llegado
Mírame, envenéname, mátame, destrípame, y cuando el hígado empiece a resbalar por la cerámica, sácame el corazón, córtalo a la mitad, y por cada vena, arteria que veas, pincha mis ojos con un tenedor, arráncalos: date gustos. Chupalos, lámelos, disfrútalos, gózalos casi como cuando nos tocamos, solo que ahora yo no podré dar, por lo menos no con intención. Seguí y arranca cada una de las pequeñas y rojas venitas y ponelas a freír, después te cuento que haces con eso.
Carcómeme el cerebelo, haciendo que el aserrín que esta escondido en mi cráneo salga volando, pero no lo pierdas: mira mis cavidades visuales y prende fuego cada astilla de mi cerebro, y las que te aburrirían quemar, júntalas, y hace una espada, no, mejor un dragón, y procura zancar el perineo, lo mas brusco posible (sabes que odio el juego pasivo) y para cuando empieces a hacerle cosquillas al músculo bulbocabernoso, saca la mano rápido, no sea que te ensucies. Pero, si estas de humor, agarra algún martillo, o una piedra y destrózame la mandíbula inferior a martillazos, para que ya no pueda hablar mas, y (se que estas de buen humor. entonces voy a abusar) luego me mordes la lengua bien fuerte, y me la extirpas con toda devoción.
Para darte una alegría te digo que agarres mis ya freídas venas oculares, y las combines con mi jugo bilico en una licuadora, un poco de pimienta, y salen buenos.
Y, ya cuando hayas terminado con todo este ritual, vas a ver que no estoy muerto. No porque tengo algún tipo de invulnerabilidad, sino porque me mataste vos, y una madre no mata a su hijo.
Carcómeme el cerebelo, haciendo que el aserrín que esta escondido en mi cráneo salga volando, pero no lo pierdas: mira mis cavidades visuales y prende fuego cada astilla de mi cerebro, y las que te aburrirían quemar, júntalas, y hace una espada, no, mejor un dragón, y procura zancar el perineo, lo mas brusco posible (sabes que odio el juego pasivo) y para cuando empieces a hacerle cosquillas al músculo bulbocabernoso, saca la mano rápido, no sea que te ensucies. Pero, si estas de humor, agarra algún martillo, o una piedra y destrózame la mandíbula inferior a martillazos, para que ya no pueda hablar mas, y (se que estas de buen humor. entonces voy a abusar) luego me mordes la lengua bien fuerte, y me la extirpas con toda devoción.
Para darte una alegría te digo que agarres mis ya freídas venas oculares, y las combines con mi jugo bilico en una licuadora, un poco de pimienta, y salen buenos.
Y, ya cuando hayas terminado con todo este ritual, vas a ver que no estoy muerto. No porque tengo algún tipo de invulnerabilidad, sino porque me mataste vos, y una madre no mata a su hijo.