James Daniela
Poeta recién llegado
El atardecer quemaba en sus ojos como si nunca hubieran visto el fuego. Parecían estar descubriendo un misterio que encendía. Hora dorada del día, dónde su piel morena romantizaba tanta naturalidad.
Tenía los pies en las brasas, yo lo sé. Pero éstas ardían en mi pecho cuando ella sonreía.
El viento se entrelazaban en su pelo oscuro y le daba vida, ¿cómo podía tener tanta libertad en sus cabellos? Cada mecha danzaba a un ritmo distinto y creaba un aire puro, un oxígeno nuevo.
Fué sentirme vivo con ella.
Aquella franja naranja, llameaba en el agua en una unión perfecta de calma, dejando un manto sereno de mariposas monarcas, que volaban hacia mi estómago y me hacían arder aún más. ¿Cuánta piel puede soportar tanto fuego?
Ella seguía mirando como el sol se despedía y yo me perdía en su paz que me descontrolaba el alma.
"Mirame" pensé, "dejame verme en tus ojos y prometo guardarte en los míos siempre. Mirame antes que el día acabe y el fuego en el cielo se apague, ¡mirame! Queda poco tiempo tiempo y aún no ví el mundo que se esconde tras tus ojos. Mirame, que el agua cambia y la luna sale. Mirame antes que el aire se enfríe y el pasto se escarche. Mirame que tengo miedo de no verte más y despertarme de este sueño en dónde vivo. Mirame, mírame..."
Y ella no quiso, porque no escuchó y yo desperté, porque no me miró.
Tenía los pies en las brasas, yo lo sé. Pero éstas ardían en mi pecho cuando ella sonreía.
El viento se entrelazaban en su pelo oscuro y le daba vida, ¿cómo podía tener tanta libertad en sus cabellos? Cada mecha danzaba a un ritmo distinto y creaba un aire puro, un oxígeno nuevo.
Fué sentirme vivo con ella.
Aquella franja naranja, llameaba en el agua en una unión perfecta de calma, dejando un manto sereno de mariposas monarcas, que volaban hacia mi estómago y me hacían arder aún más. ¿Cuánta piel puede soportar tanto fuego?
Ella seguía mirando como el sol se despedía y yo me perdía en su paz que me descontrolaba el alma.
"Mirame" pensé, "dejame verme en tus ojos y prometo guardarte en los míos siempre. Mirame antes que el día acabe y el fuego en el cielo se apague, ¡mirame! Queda poco tiempo tiempo y aún no ví el mundo que se esconde tras tus ojos. Mirame, que el agua cambia y la luna sale. Mirame antes que el aire se enfríe y el pasto se escarche. Mirame que tengo miedo de no verte más y despertarme de este sueño en dónde vivo. Mirame, mírame..."
Y ella no quiso, porque no escuchó y yo desperté, porque no me miró.