Orfelunio
Poeta veterano en el portal
Milongas de la muerte
Con un fantástico sueño
tuvo el hombre que soñó
todo el sueño estar despierto
para ver que se murió.
Dicen que al humano hombre
las lecciones no le faltan,
pero evita dar razones
con razón que al hombre matan.
De los hombres, su destino,
tengo el par de mi conjunto,
que me deja en uno solo
al que llaman el difunto.
Como el cielo azul y claro
el oscuro y negro velo,
les oculta a las mujeres
del oriente hasta su pelo.
Ya se fue la vieja rosa
con delirio que se pierde,
y el antiguo don excita
un albor del viejo verde.
La alegría no se sirve
en la mesa del dolor,
porque alegre nada pinta
la tristeza del pintor.
Los colores son comunes
para toda paz y guerra;
no hay un límite del alma
con la vida por bandera.
Un diablo en la noche vino
que vestía el blanco pulcro,
invitándome seduce:
¡Acompáñame al sepulcro!
Allí. satanás es ducho,
tú serás del mal el nombre
de los diablos que te inclinan:
la oscuridad que ya es hombre.
No se mira estando ciego
la mentira siempre manca;
ya quisiera tener vista,
pero el negro no se arranca.
Qué buen vino probé anoche
que me dura en la garganta;
la resaca no se olvida
con la nueva luz que canta.
Ya déjate de milongas,
débil ser de carne y hueso,
que finales tiene el hombre
y la muerte es solo eso.
Con un fantástico sueño
tuvo el hombre que soñó
todo el sueño estar despierto
para ver que se murió.
Dicen que al humano hombre
las lecciones no le faltan,
pero evita dar razones
con razón que al hombre matan.
De los hombres, su destino,
tengo el par de mi conjunto,
que me deja en uno solo
al que llaman el difunto.
Como el cielo azul y claro
el oscuro y negro velo,
les oculta a las mujeres
del oriente hasta su pelo.
Ya se fue la vieja rosa
con delirio que se pierde,
y el antiguo don excita
un albor del viejo verde.
La alegría no se sirve
en la mesa del dolor,
porque alegre nada pinta
la tristeza del pintor.
Los colores son comunes
para toda paz y guerra;
no hay un límite del alma
con la vida por bandera.
Un diablo en la noche vino
que vestía el blanco pulcro,
invitándome seduce:
¡Acompáñame al sepulcro!
Allí. satanás es ducho,
tú serás del mal el nombre
de los diablos que te inclinan:
la oscuridad que ya es hombre.
No se mira estando ciego
la mentira siempre manca;
ya quisiera tener vista,
pero el negro no se arranca.
Qué buen vino probé anoche
que me dura en la garganta;
la resaca no se olvida
con la nueva luz que canta.
Ya déjate de milongas,
débil ser de carne y hueso,
que finales tiene el hombre
y la muerte es solo eso.