Siempre fui una niña extraña
ni a las tormentas temía,
ni a los negros nubarrones
que anunciándolas venía,
cuando rompía a llover
a campo abierto corría
y empapadita de lluvia
¡ay, qué feliz me sentía!
Recuerdo que con mi hermana
por la luna discutía
ella dijo que era suya,
yo le grité que era mía.
Una noche me escapé
mientras mis padres dormían
pues desde un enorme charco
la luna me sonreía;
con tanta prisa salí
que olvidé mis zapatillas.
Ay, luna, lunita llena
¡cuánto he esperado este día!
siempre quise que bajaras
a jugar conmigo, amiga;
mas al saltar sobre el charco
vi que se desvanecía,
mire al cielo desolada,
otra vez estaba arriba
y en la puerta me esperaban
un buen par de zapatillas
también un tirón de orejas
mientras la luna reía.
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