IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Al nacer,
el mundo no es mas que un supuesto
que ningún niño siente,
mas que lo que oprime al pecho,
esa sensación de dependencia
que no se separa
ni en nuestros últimos instantes,
conforme la vida florece,
la compañía oscurece nuestra perspectiva,
la manía
de desear un control insospechable,
como si los latidos se pudieran predecir,
cada uno es dueño de su palpitar,
así como de su habla,
como de su marisma de anhelos,
pero el tiempo es rígido,
deseando
que la vida nos devuelva nuestra felicidad,
de esas que habitaban
en la inconsciencia de los días,
y aun sus noches lo sabían,
queriendo eternalizar la espera,
conforme el tiempo
se nos adhiere a la piel,
como si nuestros pasos
fueran saltos, sendero y final,
aún la incertidumbre
nos hace ser presas
de la oscuridad del pensamiento,
ofuscados buscamos luz artificial,
obnubilados por las estrellas,
es tan fácil ser presas de la esperanza,
bailan las quimeras en cada alma,
quisieran ser lo que el recuerdo no puede,
pero todo
es mas confuso que un simple deber,
el miedo motiva al miedo,
el miedo es cruento y violento,
el miedo es tiempo
porque no se nos desprende del ansia,
en cada poro
el vaho del cansancio desprende libertad,
y el miedo, sabe de nuestra fragilidad,
impulsando al cuerpo
hacia la cornisa de la cama,
en una última exhalación,
el cielo oscurece nuestras sombras,
el viento se detiene, impotente,
las nubes se preparan para llorar,
el gélido aire que marca lo inerte,
materializa a una madre perdida,
vislumbrando, ahora mas perdida,
los días pasan,
las noches se llevan en su huida sueños,
el tiempo cuenta el motor de su locura,
la finitud no entiende de motivos,
así nos percibimos,
mas fríos que muertos.
el mundo no es mas que un supuesto
que ningún niño siente,
mas que lo que oprime al pecho,
esa sensación de dependencia
que no se separa
ni en nuestros últimos instantes,
conforme la vida florece,
la compañía oscurece nuestra perspectiva,
la manía
de desear un control insospechable,
como si los latidos se pudieran predecir,
cada uno es dueño de su palpitar,
así como de su habla,
como de su marisma de anhelos,
pero el tiempo es rígido,
deseando
que la vida nos devuelva nuestra felicidad,
de esas que habitaban
en la inconsciencia de los días,
y aun sus noches lo sabían,
queriendo eternalizar la espera,
conforme el tiempo
se nos adhiere a la piel,
como si nuestros pasos
fueran saltos, sendero y final,
aún la incertidumbre
nos hace ser presas
de la oscuridad del pensamiento,
ofuscados buscamos luz artificial,
obnubilados por las estrellas,
es tan fácil ser presas de la esperanza,
bailan las quimeras en cada alma,
quisieran ser lo que el recuerdo no puede,
pero todo
es mas confuso que un simple deber,
el miedo motiva al miedo,
el miedo es cruento y violento,
el miedo es tiempo
porque no se nos desprende del ansia,
en cada poro
el vaho del cansancio desprende libertad,
y el miedo, sabe de nuestra fragilidad,
impulsando al cuerpo
hacia la cornisa de la cama,
en una última exhalación,
el cielo oscurece nuestras sombras,
el viento se detiene, impotente,
las nubes se preparan para llorar,
el gélido aire que marca lo inerte,
materializa a una madre perdida,
vislumbrando, ahora mas perdida,
los días pasan,
las noches se llevan en su huida sueños,
el tiempo cuenta el motor de su locura,
la finitud no entiende de motivos,
así nos percibimos,
mas fríos que muertos.