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Mi Voz Interior

Jose Anibal Ortiz Lozada

Poeta adicto al portal
En el rincón más oscuro de mi ser,
se esconde una voz,
un susurro sibilino
que se arrastra por las grietas
de mi mente cansada.

Es la voz de la depresión,
esa sombra insidiosa
que se cuela por las rendijas
del alma,
apagando las luces,
silenciando las risas.

Me habla en murmullos,
con la cadencia de lo inevitable,
recordándome las horas perdidas,
las promesas rotas,
los sueños desvanecidos
como humo en el viento.

Me dice que la esperanza es un espejismo,
un destello efímero
en el desierto de la realidad.
Que la alegría es una mentira,
una máscara frágil
que se rompe al menor toque.

Y yo, prisionero de su canto,
camino en círculos,
perdido en un laberinto sin salida,
donde cada paso es un eco
de mis propias dudas,
mis propios miedos.

La voz de la depresión
se disfraza de razón,
me convence de su verdad,
me arrastra hacia un abismo
donde el silencio es ensordecedor
y la soledad,
una constante compañía.

Pero hay momentos,
breves instantes de lucidez,
donde otra voz se alza,
débil pero firme,
recordándome que en la oscuridad
también brillan estrellas,
que en el caos
puede nacer la armonía.

Es la voz de la esperanza,
susurrando desde las profundidades,
luchando por ser escuchada
entre el estruendo del vacío.

Y así, en esta batalla interna,
mi alma busca equilibrio,
entre la voz que me hunde
y la que me eleva,
entre la sombra y la luz,
entre la tristeza y la paz.
 
En el rincón más oscuro de mi ser,
se esconde una voz,
un susurro sibilino
que se arrastra por las grietas
de mi mente cansada.

Es la voz de la depresión,
esa sombra insidiosa
que se cuela por las rendijas
del alma,
apagando las luces,
silenciando las risas.

Me habla en murmullos,
con la cadencia de lo inevitable,
recordándome las horas perdidas,
las promesas rotas,
los sueños desvanecidos
como humo en el viento.

Me dice que la esperanza es un espejismo,
un destello efímero
en el desierto de la realidad.
Que la alegría es una mentira,
una máscara frágil
que se rompe al menor toque.

Y yo, prisionero de su canto,
camino en círculos,
perdido en un laberinto sin salida,
donde cada paso es un eco
de mis propias dudas,
mis propios miedos.

La voz de la depresión
se disfraza de razón,
me convence de su verdad,
me arrastra hacia un abismo
donde el silencio es ensordecedor
y la soledad,
una constante compañía.

Pero hay momentos,
breves instantes de lucidez,
donde otra voz se alza,
débil pero firme,
recordándome que en la oscuridad
también brillan estrellas,
que en el caos
puede nacer la armonía.

Es la voz de la esperanza,
susurrando desde las profundidades,
luchando por ser escuchada
entre el estruendo del vacío.

Y así, en esta batalla interna,
mi alma busca equilibrio,
entre la voz que me hunde
y la que me eleva,
entre la sombra y la luz,
entre la tristeza y la paz.
Que encuentres paz. Un gusto leerte.
 
En el rincón más oscuro de mi ser,
se esconde una voz,
un susurro sibilino
que se arrastra por las grietas
de mi mente cansada.

Es la voz de la depresión,
esa sombra insidiosa
que se cuela por las rendijas
del alma,
apagando las luces,
silenciando las risas.

Me habla en murmullos,
con la cadencia de lo inevitable,
recordándome las horas perdidas,
las promesas rotas,
los sueños desvanecidos
como humo en el viento.

Me dice que la esperanza es un espejismo,
un destello efímero
en el desierto de la realidad.
Que la alegría es una mentira,
una máscara frágil
que se rompe al menor toque.

Y yo, prisionero de su canto,
camino en círculos,
perdido en un laberinto sin salida,
donde cada paso es un eco
de mis propias dudas,
mis propios miedos.

La voz de la depresión
se disfraza de razón,
me convence de su verdad,
me arrastra hacia un abismo
donde el silencio es ensordecedor
y la soledad,
una constante compañía.

Pero hay momentos,
breves instantes de lucidez,
donde otra voz se alza,
débil pero firme,
recordándome que en la oscuridad
también brillan estrellas,
que en el caos
puede nacer la armonía.

Es la voz de la esperanza,
susurrando desde las profundidades,
luchando por ser escuchada
entre el estruendo del vacío.

Y así, en esta batalla interna,
mi alma busca equilibrio,
entre la voz que me hunde
y la que me eleva,
entre la sombra y la luz,
entre la tristeza y la paz.
Una melodía melancólica profunda.

Saludos
 
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