danie
solo un pensamiento...
¿Cuánto ha bebido de mi sangre la noche,
de mi médula fría y tiesa como un mármol
que reposa a las sombras del sol?
Con pasos lánguidos se voltea la tierra
para mostrarme el légamo de los cielos,
para ofrendar su impúdico pecho de meretriz sin techo,
una y otra vez el mismo seno
y su misma lactancia viperina
de la cual siempre fui un gran devoto,
mucho antes de prorrumpir de las profundidades
del Maëlstrom y sus lamentos.
Pero hoy solo pienso en el pudor:
de mis manos entumecidas por el veneno
de tantos textos atroces labrados,
de tantos vaticinios de una Babilonia sin precedencia,
de tantos alientos gélidos que formaron murallas
y enclaustraron vidas sin almas ni cuerpos.
Es que las postradas y efímeras vidorrias se apelmazan
sobre los sudarios de mi extirpe
y me revelan la cara de un demontre
escondido en el espejo…
Yo me aterro y escribo,
me lanzo a narrar historias
que aunque parezcan quimeras
tienen mucho de realidad
y solo saben contar tormentos.
Hoy estoy abatido por eso…,
igual soy de los que escriben la última visión,
pródigas ascuas de pus y óleos de úteros
que se viciaron y saben engendrar pesar.
Y así bebiendo de la menstruación
de un averno que yo fundé en las alturas,
espero por el ángelus postremo,
por su beso macilento y acerbo como el hierro
sobre mi designio por un hado extinto,
sus labios de linfa roja sellando mi ataúd.
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