lore1
Poeta que considera el portal su segunda casa
Todos los críos en algún momento sueñan con tener una bicicleta. Los niños de ahora casi todos tienen una para cada uno, pero antes no era así ni mucho menos; antes poseer ese tipo de vehículo era un sueño a veces casi inalcanzable. Había que luchar mucho por tener una, sacar muy buenas notas y portarte muy bien para que los reyes o alguna abuela o tía generosa te la regalaran; y cuando al fin la conseguías, no era para ti sola ni mucho menos, era para compartir con tus hermanos. Todo era para cada uno y para todos, como ocurría con los mosqueteros: uno para todos y todos para uno. Por ejemplo juguetes como los juegos reunidos Geiper, la máquina de escribir y ni que decir la bici, eran para los cinco. Porque éramos cinco para jugar, reñir y hacerse compañía. Había que establecer rigurosos turnos para evitar peleas a la hora de darse un paseo por el barrio o pedalear con ella hasta la playa o hasta el río.
En aquella época me daba rabia no ser rica y no tener una bici para mi sola, pero de otra forma, tal vez, no hubiese aprendido otros valores como el de compartir o ser paciente a la hora de esperar la tanda, que me llevaría a disfrutar de aquella Orbea de color verde, y que me ofrecía mis primeras alas de libertad y de independencia, cada vez que me sentaba sobre su sillín de cuero y comenzaba a pedalear sin rumbo fijo, por los mejores parajes del ayer.
[MUSICA]http://notendur.centrum.is/~sih/midi/unsorted/againstwind.mid[/MUSICA]