Chiflada
Poeta recién llegado
La lana amarilla que hace tu pelo,
el algodón que cubre tu cuerpo entero.
¡Ay ay ay muñequita!
Recuerdo las horas que me acompañaste,
que jugabamos las dos juntas,
yo hacía de tu madre y tu de mi hija;
esas trencitas que ataba con finas telitas,
¡Ay ay ay, que lindo recuerdos me traes!
La vez que se te rompió el bracito,
llorabas sin parar,
hasta que me convertía en doctora y te curaba rápidamente,
entonces eras feliz de nuevo.
Tu sonrisita de oreja a oreja era la que transmitía todo,
esa, la cual compartías solo conmigo.
En los momentos que la leche tomábamos,
tú te ponías triste al no poder beber como otros lo hacían,
y yo te decía: ¡Ay ay ay muñequita, no te pongas triste!,
dejaba de tomar mi leche para acompañarte,
y tú sonreías de nuevo,
me hacía muy feliz que sonrieras,
por eso daba todo de mi.
Un día te falto el corazoncito y estabas más triste que nunca,
yo le dije a mi mamá si podía hacerte uno,
pero mi mamá me dijo: Mi niña, ¡las muñecas no necesitan corazón!
Pero mi mamá se equivocaba,
Molly era una muñeca especial,
ella si necesitaba un corazoncito.
Un día pensando bien las cosas, decidí darle mi corazoncito,
ya que el mío crecería, porque yo lo desearía;
le di mi corazosito a la muñeca le dije a mi mamá,
y al verme con mucha sangre, se puso a llorar,
desesperada, me alzó en sus brazos,
y decía cosas que no terminaba de escuchar,
mi mamá tenía los ojos rojos, de tanto lagrimear,
entonces con mucho esfuerzo le dije:
¡Mami, no te pongas mal, mi corazón ya crecerá!
el algodón que cubre tu cuerpo entero.
¡Ay ay ay muñequita!
Recuerdo las horas que me acompañaste,
que jugabamos las dos juntas,
yo hacía de tu madre y tu de mi hija;
esas trencitas que ataba con finas telitas,
¡Ay ay ay, que lindo recuerdos me traes!
La vez que se te rompió el bracito,
llorabas sin parar,
hasta que me convertía en doctora y te curaba rápidamente,
entonces eras feliz de nuevo.
Tu sonrisita de oreja a oreja era la que transmitía todo,
esa, la cual compartías solo conmigo.
En los momentos que la leche tomábamos,
tú te ponías triste al no poder beber como otros lo hacían,
y yo te decía: ¡Ay ay ay muñequita, no te pongas triste!,
dejaba de tomar mi leche para acompañarte,
y tú sonreías de nuevo,
me hacía muy feliz que sonrieras,
por eso daba todo de mi.
Un día te falto el corazoncito y estabas más triste que nunca,
yo le dije a mi mamá si podía hacerte uno,
pero mi mamá me dijo: Mi niña, ¡las muñecas no necesitan corazón!
Pero mi mamá se equivocaba,
Molly era una muñeca especial,
ella si necesitaba un corazoncito.
Un día pensando bien las cosas, decidí darle mi corazoncito,
ya que el mío crecería, porque yo lo desearía;
le di mi corazosito a la muñeca le dije a mi mamá,
y al verme con mucha sangre, se puso a llorar,
desesperada, me alzó en sus brazos,
y decía cosas que no terminaba de escuchar,
mi mamá tenía los ojos rojos, de tanto lagrimear,
entonces con mucho esfuerzo le dije:
¡Mami, no te pongas mal, mi corazón ya crecerá!
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