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Mi generación

Maroc

Alberto
Nací con la marca. 1968
era la mezcla de todos los venenos
paridos con un billete de lotería
cuando creyéndome feliz
en la placenta abría cada carta.

Ahora los tragos profundos
me saben a notas graves;
con mucho aire.

Y fuimos alcohólicos
en tus lánguidos besos de tiniebla
de espaldas a la suerte
bajando por escaleras angostas
sin barandillas, de vértigo.

Había demasiado desorden
y mordiscos roncos
buscando por la periferia
de barriadas industriales
sin un olor perfecto
que llevarse a la boca.

Ya no éramos más que un oscuro
reflejo de la sociedad,
la cara más dura de la juventud,
perdida, nos llamaron...

Maravillosos músicos,
banqueros y carteristas; mismo talento,
policías y ladrones,
cineastas,
atracadoras,
revolucionarios de acción directa con nagolita...
Toni, Iñarra, Cristina, Necas, Pettinato,
José, Jaime, María, "El Txin", Titxu, Leire o Pati
fijados por lo negro de los ojos
que enamora entre limones
y eternidades de sexo,
incluso hubo imitadores
de Boris Vian que no tuvieron
como él nada que perder
y fueron tragados por los desagües.

No me despiertes, compañera;
quiero escuchar la calle,
un mundo de sueños azules
pringados de semen,
cucuruchos de castañas,
bolígrafos y máquinas de escribir
orgullo de la belleza
en los paisajes urbanos exquisitos.

Sembrar el cielo con hojalata
aclamando luz de led
para los electrodomésticos
desde un garito nocturno surgido
como una beta entre los portales,
meadas en las esquinas a todas horas
sobre la inestabilidad
de las barras a las seis de la mañana,
tu cuerpo punteado por estrellas
como lunares o lunares como estrellas.

"Town call malice" de los Jam
hospedándose entre la perfección
de un orgasmo o una dosis de heroína...
¡Oh, extraordinarias experiencias del pecado!

Busco:
sigo huellas mientras consigo
retener alguna de las características pasiones
donde cien años fueron un día
fusilado por lágrimas de pelotazos de goma
contra la tapia de cualquier polígono.

Sueño:
transito por la existencia buceando
en instantes de plenitud,
tacto,
vista,
oído,
olfato,
sentimiento real sin filtros
de tecnología moderna,
sensación de sal en las heridas,
caricias descontroladas,
dietilamida del ácido lisérgico
goteando en gelatinas o lentejas,
ojos fuera de las fotografías
apoyados sobre lo único que puede
haber entre tu pecho y el mío,
vasos de agua del grifo
que saben a agua del grifo,
más...
perder el respeto a los burócratas
con la misma certeza de que existen
los enamorados,
suicidándonos ante el espejo,
mandando las flores de plástico a la mierda,
odiando a los educadores porque si,
¡oh, satisfacciones magnificas sin rastro de redención!

Lo hicimos bien;
arrojados y valientes,
dispuestos al tiroteo,
verdugos de nosotros mismos
antes de pasar por el aro,
contra el viento,
contra el honor,
contra la fortuna,
con la voracidad de los abismos,
contra la historia tergiversada
y un universo entero que nos barre,
melodías,
cejas a la derecha,
rosas que se desangran casino y negro.

La carne duele y el reloj avanza,
quedan los negativos de lo que éramos,
ya no somos las panteras,
los toros,
los bravos,
los anarquistas,
los peleadores en el funambulismo
de los sueños disidentes,
oblicuos,
sin sol ni luna,
sin voz ni presencia,
desvanecidos u ocultos,
difuminados...
como leyenda.
 
Última edición:
Nací con la marca: 1968
era la mezcla de todos los venenos
paridos con un billete de lotería
cuando creyéndome feliz
en la placenta abría cada carta.

Ahora los tragos profundos
me saben a notas graves;
con mucho aire.

Y fuimos alcohólicos
en tus lánguidos besos de tiniebla,
de espaldas a la suerte,
bajando por escaleras angostas
sin barandillas, de vértigo.

Había demasiado desorden
y mordiscos roncos
buscando por la periferia
de barriadas industriales,
sin un olor perfecto
que llevarse a la boca.

Ya no éramos más que un oscuro
reflejo de la sociedad,
la cara más dura de la juventud,
perdida, nos llamaron...

Maravillosos músicos,
banqueros y carteristas; mismo talento,
policías y ladrones,
cineastas,
atracadoras,
revolucionarios de acción directa con nagolita...
Toni, Iñarra, Cristina, Necas, Petinato,
José, Jaime, María, "El Txin", Titxu, Leire o Pati
fijados por lo negro de los ojos
que enamora entre limones
y eternidades de sexo,
incluso hubo imitadores
de Boris Vian que no tuvieron
como él nada que perder
y fueron tragados por los desagües.

No me despiertes, compañera;
quiero escuchar la calle,
un mundo de sueños azules
pringados de semen,
cucuruchos de castañas,
bolígrafos y máquinas de escribir
orgullo de la belleza
en los paisajes urbanos exquisitos.

Sembrar el cielo con hojalata
aclamando luz de led
para los electrodomésticos
desde un garito nocturno surgido
como una beta entre los portales,
meadas en las esquinas a todas horas
sobre la inestabilidad
de las barras a las seis de la mañana,
tu cuerpo punteado por estrellas
como lunares o lunares como estrellas.

"Town call malice" de los Jam
hospedándose entre la perfección
de un orgasmo o una dosis de heroína...
¡Oh, extraordinarias experiencias del pecado!

Busco:
sigo huellas mientras consigo
retener alguna de las características pasiones
donde cien años fueron un día
fusilado por lágrimas de pelotazos de goma
contra la tapia de cualquier polígono.

Sueño:
transito por la existencia buceando
en instantes de plenitud,
tacto,
vista,
oído,
olfato,
sentimiento real sin filtros
de tecnología moderna,
sensación de sal en las heridas,
caricias descontroladas,
dietilamida del ácido lisérgico
goteando en gelatinas o lentejas,
ojos fuera de las fotografías
apoyados sobre lo único que puede
haber entre tu pecho y el mío,
vasos de agua del grifo
que saben a agua del grifo,
más...
perder el respeto a los burócratas
con la misma certeza de que existen
los enamorados,
suicidándonos ante el espejo,
mandando las flores de plástico a la mierda,
odiando a los educadores porque si,
¡oh, satisfacciones magnificas sin rastro de redención!

Lo hicimos bien;
arrojados y valientes,
dispuestos al tiroteo,
verdugos de nosotros mismos
antes de pasar por el aro,
contra el viento,
contra el honor,
contra la fortuna,
con la voracidad de los abismos,
contra la historia tergiversada
y un universo entero que nos barre,
melodías,
cejas a la derecha,
rosas que se desangran casino y negro.

La carne duele y el reloj avanza,
quedan los negativos de lo que éramos,
ya no somos las panteras,
los toros,
los bravos,
los anarquistas,
los peleadores en el funambulismo
de los sueños disidentes,
oblicuos,
sin sol ni luna,
sin voz ni presencia,
desvanecidos u ocultos,
difuminados...
como leyenda.
Como se dice por ahí: "...lindo haberlo vivido para poderlo cantar..."
Gran saludo Maroc.
 
Como se dice por ahí: "...lindo haberlo vivido para poderlo cantar..."
Gran saludo Maroc.
Así es, la experiencia enriquece la vida... hay por aquí varios poetas de esta generación madrileña... de la "movida" nos llamaron (lo mío de poeta es sólo por afición, no por oficio).

Gran saludo igualmente.
 
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