Hotarubi
Poeta recién llegado
Cómo has caído de los cielos, has precipitado a lo más profundo.
Y ella le dijo: Cada acción...
Y el eco respondió: Una reacción.
Y ella le dijo: Cada acción...
Y el eco respondió: Una reacción.
Mi cuerpo es una tumba,
dentro, se respira vapor de azufre,
explota, como un volcán indeliberado,
y de su sangre magmática
moldeo unas alas incandescentes.
Mi cuerpo es una luz prendida
de una tela de araña,
que roza el paladar del voraz azar,
violencia de la inocencia perdida,
al hambre no se le puede engañar.
Mi cuerpo tiene la apariencia inmóvil
de una mariposa que vuela en calma,
inmanente en el aire, sin importarle,
ser el cazador o la víctima,
la vida o la muerte.
Mi cuerpo ahueca sus plumas
donde las flores no se marchitan,
es la prisión de la letargia de un ángel,
todos los pájaros que van a fallecer
dejan de cantar.
Mi cuerpo no olvida el mañana
que se quedó en las cicatrices del ayer,
actuando en un escenario vacío,
donde el contorno de mis miedos rellena
el hueco, y me mantengo en movimiento.
Recipiente indestructible, un cuerpo,
que viaja buscando la llave perdida
que le haga abrirse como fuegos artificiales.
Casi un infinito, retorcido en el número seis,
crisálida imperfecta deseosa de implosionar,
sólo le faltó un uno más para ser como tú.
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