danie
solo un pensamiento...
Deudos que padecieron mi dolor, almas oscuras
del campeador que lidiaron en los frentes de la pleamar
negra confabulada, sombrías figuras
errabundas de la noche atea.
Mi alma ha sangrado con ustedes en los ciclos de la luna
por los venablos de la pánfila ceremonia
y su sangre amarrada a los llantos del dolor.
Oh, oscuridad que me arrastra al éxodo,
los terruños estériles y devastados,
las ruinas sin la luz de tu civilización;
me aparta remotamente del júbilo, el regocijo y su abundancia.
Adefesio de un corazón mórbido
que se arrastra segregando penas
sobre las ascuas de la iniquidad bárbara,
allí yazgo perpetuo en la letanía y su tormento;
adolecido y difunto soy un nómada de la vida pletórica
que una vez me contuvo.
¿Y dónde están ahora hermanos míos?
¿A dónde se marcharon?
¿Cómo hago frente yo solo a esa gélida ofensiva?
¡Será qué no se marcharon, solo están extintos!
Extintos para la vida,
fenecidos por las llagas envenenadas del destino,
esas úlceras que atosigaron mi cuerpo,
que no llegaron a matarme, solo a condenarme en agonía;
el infortunio de las fauces del óbito y su abismo
me consume día a día,
ya solo me queda emparedarme en los muros de la noche,
hacerme su aliado, su camarada, unirme al enemigo.
Ser un espectro más, un lémur que mora en el báratro,
que solo puede venerarte en tus sueños.
¡Tal vez hasta pueda amarte en tu último respiro!
del campeador que lidiaron en los frentes de la pleamar
negra confabulada, sombrías figuras
errabundas de la noche atea.
Mi alma ha sangrado con ustedes en los ciclos de la luna
por los venablos de la pánfila ceremonia
y su sangre amarrada a los llantos del dolor.
Oh, oscuridad que me arrastra al éxodo,
los terruños estériles y devastados,
las ruinas sin la luz de tu civilización;
me aparta remotamente del júbilo, el regocijo y su abundancia.
Adefesio de un corazón mórbido
que se arrastra segregando penas
sobre las ascuas de la iniquidad bárbara,
allí yazgo perpetuo en la letanía y su tormento;
adolecido y difunto soy un nómada de la vida pletórica
que una vez me contuvo.
¿Y dónde están ahora hermanos míos?
¿A dónde se marcharon?
¿Cómo hago frente yo solo a esa gélida ofensiva?
¡Será qué no se marcharon, solo están extintos!
Extintos para la vida,
fenecidos por las llagas envenenadas del destino,
esas úlceras que atosigaron mi cuerpo,
que no llegaron a matarme, solo a condenarme en agonía;
el infortunio de las fauces del óbito y su abismo
me consume día a día,
ya solo me queda emparedarme en los muros de la noche,
hacerme su aliado, su camarada, unirme al enemigo.
Ser un espectro más, un lémur que mora en el báratro,
que solo puede venerarte en tus sueños.
¡Tal vez hasta pueda amarte en tu último respiro!