Dices que debo elegir entre vivir en el pasado
o servirme del pasado parta construir un presente
y proyectarme, a mediano y largo plazos, al futuro.
Pero todavía lucho contra el pasado, te digo.
Aún lo llevo sobre mí, a mi lado, abajo mío,
como arrastrando unas cadenas que no quiero soltar,
como el ancla que en medio del mar detiene
al barco en su camino hacia el puerto.
Cadenas, anclas, tenazas, trampas, aldabas
que me sujetan y no me dejan avanzar
o, al menos, embestir de a poco, como el toro
que se ha quedado sin trapío en la arena.
Y ahora que lo pienso es buena la metáfora
porque me funciona tal como ahora me siento.
Soy como un toro bravo que va tras el capote,
que acomete con temple y nobleza el trapo
(la muleta es una mujer con estampa de matador)
a sabiendas de que casi no puedo alcanzarlo
sino que hay algo en sí mismo que me obliga
a seguir adelante, agachando la cabeza y humillando.
El trasto de la lidia (la mujer en cuestión) va por derecha
al natural, templando pases, formando suertes,
hilvanando con suave encanto los engaños
para alistar el tercio que pondrá fin a la lidia
(la lidia viene a ser como este día, pero sin clarines).
o servirme del pasado parta construir un presente
y proyectarme, a mediano y largo plazos, al futuro.
Pero todavía lucho contra el pasado, te digo.
Aún lo llevo sobre mí, a mi lado, abajo mío,
como arrastrando unas cadenas que no quiero soltar,
como el ancla que en medio del mar detiene
al barco en su camino hacia el puerto.
Cadenas, anclas, tenazas, trampas, aldabas
que me sujetan y no me dejan avanzar
o, al menos, embestir de a poco, como el toro
que se ha quedado sin trapío en la arena.
Y ahora que lo pienso es buena la metáfora
porque me funciona tal como ahora me siento.
Soy como un toro bravo que va tras el capote,
que acomete con temple y nobleza el trapo
(la muleta es una mujer con estampa de matador)
a sabiendas de que casi no puedo alcanzarlo
sino que hay algo en sí mismo que me obliga
a seguir adelante, agachando la cabeza y humillando.
El trasto de la lidia (la mujer en cuestión) va por derecha
al natural, templando pases, formando suertes,
hilvanando con suave encanto los engaños
para alistar el tercio que pondrá fin a la lidia
(la lidia viene a ser como este día, pero sin clarines).