Darkshade
Poeta adicto al portal
¿Serán suficientes tres pisadas de carnero, en cuenta regresiva, para consolidar una separación? Nunca he negado el Aries de sus penas; digo penas como digo venas
Tampoco me he detenido a seriamente inspeccionar los espermas que destila su mirada o los arroyos que fluctúan de su boca cada vez que intenta llevarse una cucharada de sopa a la boca. Hubo un tiempo en el cual hasta sus mentiras y sus bucólicas iras me hacían desternillar
He aprendido, con el tiempo y los fragmentos, a no reparar en detalles y minucias que puedan llevarme a tildar de loco a ese ser carente de conciencia para negar algo y me jacto de quitarle la paternidad de mis andanzas a Descartes; quizá Rotterdam tuvo un poco más de sazón/razón.
Hoy evité encender un cigarrillo durante el día, toda la noche, toda la vida, con la finalidad de no molestarle; he de decir: fumé veinte años desde la imaginación, lo que trajo como consecuencia este cáncer inmaterial y fingido. ¡Lo vi venir! Mis pulmones damnificados sufrían, de mentira
Hoy la Aurora se ha enfermado de sida entre mis dedos.
Y el olor, a nicotina y mierda, inexistente penetraba cada vez más rincones de mi casita, de engaño construida; tal como taladra la canción de un gran cuarteto, hoy muchas de mis mentiras son verdades. ¿Qué ha pasado, empero, con la sopa y las calamidades? Nunca fueron si no un mazo de cartas guardado en el zurcido bolsillo de un bufón relamido a cinco vientos Nunca más que un codo, cuando en la mesa apoyas tu cabeza vuelta leña para irte, sorbo a sorbo con el café de las mañanas, a tu nueva exhalación. ¿Me bendices? Escupo un rato tus dolores por la ventana y ¡a dormir! Que el próximo respiro cerrará esa etapa impertinente que vuelve tiempo una conjunción de instantes sin sentido, de por sí
¿Me ha otorgado un falso Dios, acaso, otra oportunidad para vivir? No. En realidad nunca estuve aquí Y tú, amargo padre delirante papilla cappuccina también te existías únicamente en papel.
Hoy evité encender un cigarrillo durante el día, toda la noche, toda la vida, con la finalidad de no molestarle; he de decir: fumé veinte años desde la imaginación, lo que trajo como consecuencia este cáncer inmaterial y fingido. ¡Lo vi venir! Mis pulmones damnificados sufrían, de mentira
Hoy la Aurora se ha enfermado de sida entre mis dedos.
Y el olor, a nicotina y mierda, inexistente penetraba cada vez más rincones de mi casita, de engaño construida; tal como taladra la canción de un gran cuarteto, hoy muchas de mis mentiras son verdades. ¿Qué ha pasado, empero, con la sopa y las calamidades? Nunca fueron si no un mazo de cartas guardado en el zurcido bolsillo de un bufón relamido a cinco vientos Nunca más que un codo, cuando en la mesa apoyas tu cabeza vuelta leña para irte, sorbo a sorbo con el café de las mañanas, a tu nueva exhalación. ¿Me bendices? Escupo un rato tus dolores por la ventana y ¡a dormir! Que el próximo respiro cerrará esa etapa impertinente que vuelve tiempo una conjunción de instantes sin sentido, de por sí
¿Me ha otorgado un falso Dios, acaso, otra oportunidad para vivir? No. En realidad nunca estuve aquí Y tú, amargo padre delirante papilla cappuccina también te existías únicamente en papel.