La vida es un suspiro que llega sin aviso,
una danza invisible entre el alma y el tiempo.
A veces se siente lejana,
como un sueño que no entendemos del todo,
y otras veces, tan cercana
como el latido que tiembla en nuestro pecho.
Es curioso cómo pasamos los días
sin notar que estamos vivos,
hasta que la fragilidad nos toca,
y el deseo de quedarnos
se vuelve más grande que el de irnos.
No elegimos nacer,
ni sabemos con certeza por qué existimos,
pero aquí estamos,
siguiendo caminos que no siempre entendemos,
buscando sentido en medio del ruido.
A veces cuidamos poco lo que tenemos:
el cuerpo, la risa,
los instantes simples que nos regala el día.
Otras veces, cuando la salud nos falta,
descubrimos que estar bien
era un milagro cotidiano.
Vivimos rápido,
como si el tiempo no fuera a acabarse nunca,
sin ver que, en algún rincón del mundo,
alguien da gracias por un nuevo amanecer,
por un soplo de esperanza,
por un respiro más.
Y cuando perdemos a alguien,
cuando el adiós se convierte en realidad,
es entonces cuando el corazón aprende
lo que la mente no entendía:
que la vida no es eterna,
pero sí profundamente hermosa.
Así es la vida y sus cosas:
frágil como el cristal,
fugaz como un atardecer,
pero llena de momentos que valen la pena guardar.
- Dior
una danza invisible entre el alma y el tiempo.
A veces se siente lejana,
como un sueño que no entendemos del todo,
y otras veces, tan cercana
como el latido que tiembla en nuestro pecho.
Es curioso cómo pasamos los días
sin notar que estamos vivos,
hasta que la fragilidad nos toca,
y el deseo de quedarnos
se vuelve más grande que el de irnos.
No elegimos nacer,
ni sabemos con certeza por qué existimos,
pero aquí estamos,
siguiendo caminos que no siempre entendemos,
buscando sentido en medio del ruido.
A veces cuidamos poco lo que tenemos:
el cuerpo, la risa,
los instantes simples que nos regala el día.
Otras veces, cuando la salud nos falta,
descubrimos que estar bien
era un milagro cotidiano.
Vivimos rápido,
como si el tiempo no fuera a acabarse nunca,
sin ver que, en algún rincón del mundo,
alguien da gracias por un nuevo amanecer,
por un soplo de esperanza,
por un respiro más.
Y cuando perdemos a alguien,
cuando el adiós se convierte en realidad,
es entonces cuando el corazón aprende
lo que la mente no entendía:
que la vida no es eterna,
pero sí profundamente hermosa.
Así es la vida y sus cosas:
frágil como el cristal,
fugaz como un atardecer,
pero llena de momentos que valen la pena guardar.
- Dior