ñonguito
Poeta que considera el portal su segunda casa
A los veinte el mundo era un mapa abierto,
y tu nombre, la brújula en mi piel.
Pero el amor se nos quedó desierto
y me obligué a probar la extraña hiel.
Empecé a olvidarte a mis veintitrés,
día y noche mi empeño fue.
Y veo que con mis cincuenta
aún no me he dado cuenta
de que solo fue ayer.
Las canas son la nieve del camino,
el cuerpo ya no tiene aquel ardor,
pero el alma no entiende de destino
ni sabe de relojes el dolor.
¿Cómo es que el tiempo corre como un río,
llevándose los años de mi fe,
pero deja este rastro de tu frío
tan intacto como la primera vez?
Ya no busco borrar lo que he vivido,
ni pretendo ganarle a la memoria;
pues entiendo que no existe el olvido
cuando el ayer es toda nuestra historia.
y tu nombre, la brújula en mi piel.
Pero el amor se nos quedó desierto
y me obligué a probar la extraña hiel.
Empecé a olvidarte a mis veintitrés,
día y noche mi empeño fue.
Y veo que con mis cincuenta
aún no me he dado cuenta
de que solo fue ayer.
Las canas son la nieve del camino,
el cuerpo ya no tiene aquel ardor,
pero el alma no entiende de destino
ni sabe de relojes el dolor.
¿Cómo es que el tiempo corre como un río,
llevándose los años de mi fe,
pero deja este rastro de tu frío
tan intacto como la primera vez?
Ya no busco borrar lo que he vivido,
ni pretendo ganarle a la memoria;
pues entiendo que no existe el olvido
cuando el ayer es toda nuestra historia.