Por los techos de los sepulcros olvidados
los callados aullidos de los difuntos
retumban en las hondas maderas
buscando las formas perdidas
por las esquinas de tierras y cenizas.
Bajo las cruces rígidas y torcidas
los gusanos aun devoran las carnes
podridas de los huesos desgastados
que fueron estructura de cuerpo
acción, sentimiento e idea.
Las flores obligadas llevan los pétalos
en vivas lágrimas de hiel y rocío
que caen sobre las lápidas serias
temblando en los nocturnos silencios
en espera de la muerte inevitable.
Por las entrañas de la tierra
los cadáveres se retuercen
como niños en sus cunas
desdeñando las soledades completas
buscando la leche tibia de las madres lejanas.
Los ojos de vidrio miran la nada
como ventanales de los cuartos vacíos
que han dejado para siempre abandonados
impregnados de recuerdos y de ausencia
en los objetos amancillados y descoloridos.
Por las fronteras subterráneas de los sentidos
se intuyen, se presienten, se anticipan
las melancolías de los que ahora se abrazan en muerte,
de los que ahora sólo cenizas son,
como nosotros, sólo polvo.
los callados aullidos de los difuntos
retumban en las hondas maderas
buscando las formas perdidas
por las esquinas de tierras y cenizas.
Bajo las cruces rígidas y torcidas
los gusanos aun devoran las carnes
podridas de los huesos desgastados
que fueron estructura de cuerpo
acción, sentimiento e idea.
Las flores obligadas llevan los pétalos
en vivas lágrimas de hiel y rocío
que caen sobre las lápidas serias
temblando en los nocturnos silencios
en espera de la muerte inevitable.
Por las entrañas de la tierra
los cadáveres se retuercen
como niños en sus cunas
desdeñando las soledades completas
buscando la leche tibia de las madres lejanas.
Los ojos de vidrio miran la nada
como ventanales de los cuartos vacíos
que han dejado para siempre abandonados
impregnados de recuerdos y de ausencia
en los objetos amancillados y descoloridos.
Por las fronteras subterráneas de los sentidos
se intuyen, se presienten, se anticipan
las melancolías de los que ahora se abrazan en muerte,
de los que ahora sólo cenizas son,
como nosotros, sólo polvo.